D'Cuba Jazz
Sábado, 28 de Agosto, 2021
Me piden que hable sobre mis discos favoritos de jazz afrocubano, o cubop, o como sea. Como si eso fuera fácil. Y todo porque uno acaba de sacar un libro con sus mejores discos de jazz de la historia.
Hay quien me ha echado en cara la ausencia de lo latino en mi lista, y con razón. En mi defensa, opino que el jazz latino, vamos a llamarlo así, forma una categoría por sí mismo, del mismo modo que el “dixieland”, el jazz de “fusión”, o el “avant garde”, lo que en Europa se conoce por “música improvisadas”, y que también comienzan a escucharse en América, la del Norte y la del Sur.
Expertos en jazz latino/afro-cubano tiene la Iglesia. Yo no lo soy. Escucho jazz latino cada de cuando en cuando y hay cosas que me gustan y otras que no. Si van Vds. a mi libro encontrarán algunas referencias: el concierto de Dizzy Gilespie y su big band con Chano Pozo de 1948, piedra angular del género, que nadie ha podido superar.
Le sigue una hermosísima colección que publicó Verve hace un par de años, “The original mambo kings: an introduction to afro-bop”, con grabaciones de Machito, Mario Bauzá y Graciela, entre otros.
De allí, salto a “Calle 54”, el disco de la película de Fernando Trueba, tan estupenda la una como el otro, y “Mano a mano”, uno de esas pequeñas obras maestras con que Michel Camilo acostumbra a sorprendernos de vez en cuando. Aquí, el palpitar de lo latino se intuye más que se escucha.
Fuera del libro, les hablaré de “Mongo Santamaría introduces La Lupe”, con Pat Patrick, el saxofonista de la “Arkestra” de Sun Ra; y de las descargas de Cachao, con el título de “Cuban jam session”, en la edición de Panart; y de Benny Moré y su Orquesta Gigante (no hay un disco malo suyo); y de Eddie Palmieri (¡cómo olvidarse de él!); y hasta de “Jerry González y los Piratas del Flamenco”, disco extraño y subyugante donde los haya que, seguramente, no pertenezca a esta categoría.
Y, claro, de las incontables obras maestras que nos han dejado los tantísimos pianistas que ha parido Cuba, Gonzalo Rubalcaba, Ramón Valle, Omar Sosa, Roberto Fonseca, Ernán López-Nussa, Frank Emilio Flynn, Emiliano Salvador o Chucho Valdés. De éste, hay uno que me gusta especialmente: “Desafíos”, del noventa y siete, con textos de Adolfo Montejo y un servidor. Tremendo disco.
(Chema García Martínez fue el primero en responder a una encuesta que está
haciendo este sitio sobre los mejores discos del jazz cubano)
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José María García, crítico de jazz de El País, opina sobre jazz cubano
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José María García, crítico de jazz de El País, opina sobre jazz cubano

Por: Chema García Martínez
Fecha: 2012.11.15
Me piden que hable sobre mis discos favoritos de jazz afrocubano, o cubop, o como sea. Como si eso fuera fácil. Y todo porque uno acaba de sacar un libro con sus mejores discos de jazz de la historia.
Hay quien me ha echado en cara la ausencia de lo latino en mi lista, y con razón. En mi defensa, opino que el jazz latino, vamos a llamarlo así, forma una categoría por sí mismo, del mismo modo que el “dixieland”, el jazz de “fusión”, o el “avant garde”, lo que en Europa se conoce por “música improvisadas”, y que también comienzan a escucharse en América, la del Norte y la del Sur.
Expertos en jazz latino/afro-cubano tiene la Iglesia. Yo no lo soy. Escucho jazz latino cada de cuando en cuando y hay cosas que me gustan y otras que no. Si van Vds. a mi libro encontrarán algunas referencias: el concierto de Dizzy Gilespie y su big band con Chano Pozo de 1948, piedra angular del género, que nadie ha podido superar.
Le sigue una hermosísima colección que publicó Verve hace un par de años, “The original mambo kings: an introduction to afro-bop”, con grabaciones de Machito, Mario Bauzá y Graciela, entre otros.
De allí, salto a “Calle 54”, el disco de la película de Fernando Trueba, tan estupenda la una como el otro, y “Mano a mano”, uno de esas pequeñas obras maestras con que Michel Camilo acostumbra a sorprendernos de vez en cuando. Aquí, el palpitar de lo latino se intuye más que se escucha.
Fuera del libro, les hablaré de “Mongo Santamaría introduces La Lupe”, con Pat Patrick, el saxofonista de la “Arkestra” de Sun Ra; y de las descargas de Cachao, con el título de “Cuban jam session”, en la edición de Panart; y de Benny Moré y su Orquesta Gigante (no hay un disco malo suyo); y de Eddie Palmieri (¡cómo olvidarse de él!); y hasta de “Jerry González y los Piratas del Flamenco”, disco extraño y subyugante donde los haya que, seguramente, no pertenezca a esta categoría.
Y, claro, de las incontables obras maestras que nos han dejado los tantísimos pianistas que ha parido Cuba, Gonzalo Rubalcaba, Ramón Valle, Omar Sosa, Roberto Fonseca, Ernán López-Nussa, Frank Emilio Flynn, Emiliano Salvador o Chucho Valdés. De éste, hay uno que me gusta especialmente: “Desafíos”, del noventa y siete, con textos de Adolfo Montejo y un servidor. Tremendo disco.
(Chema García Martínez fue el primero en responder a una encuesta que está
haciendo este sitio sobre los mejores discos del jazz cubano)
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