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LATINO DISTINGUIDO: Piazzolla y el jazz: libertad, rebeldía y creación

Por: Enrique Alberto Fraga
Fecha: 2021.03.12
Fuente: La Nación

De la revolución vanguardista del Octeto Buenos Aires a los sonidos modernos y electrónicos del jazz-rock, cómo influyó el universo del swing en la obra del Nuevo Tango, una música admirada en el mundo

Piazzolla, junto al saxofonista Gerry Mulligan, con quien unieron talentos en 1975 para el disco Summitarchivo - AFP

Buenos Aires, 1938. Un bandoneonista de la orquesta de *Aníbal Troilo*
cae enfermo de gripe. Se aproximan los compromisos del fin de semana y
hay que cubrir el lugar. *Un ignoto Astor Piazzolla, con 17 años, logra
una audición urgente con Pichuco*; sube al escenario, pone el bandoneón
en su regazo y, luego de un repaso fluido por el repertorio de la
orquesta de tango más importante del momento, logra el lugar vacante.
“Traete un traje azul”, le dice Troilo a Astor, a quien la noticia no le
entra en el pecho: los dedos se desatan y del fuelle empieza a brotar la
“Rhapsody in Blue” de Gershwin, una virtuosa oda a la música moderna y
al jazz que expresaba más los imponentes rascacielos, los otoños dorados
del Central Park y el frenesí neoyorquino de los años locos, antes que
el clima de compadritos y gotan canyengue habituados en aquel café
porteño. “Dejá esas cosas para los norteamericanos”, le advirtieron. No
los escuchó.

El jazz y la cultura urbana de Nueva York estaban en las venas de
Piazzolla. Había nacido en Mar del Plata en 1921, pero pronto emigró con
sus padres a los Estados Unidos. Fue en la Gran Manzana en donde el
joven Astor se sumó a la picaresca de los gangs ítalo-norteamericanos en
las calles golpeadas por la crisis de 1929, tomó sus lecciones iniciales
de bandoneón y *escuchó en primera fila los sonidos de las imponentes
bandas de Duke Ellington y Cab Calloway en el legendario Harlem *que
entonces regalaba swing por cada esquina. ¿Qué influencia tuvo el jazz
en su obra? ¿Qué fusiones con el género marcaron su carrera? ¿Cómo se
forjó la admiración de los jazzmen hacia su creación, el Nuevo Tango?

“Mi abuelo se acercó al jazz por cosas de la vida. Se fue a vivir a
Nueva York de chico y estuvo como diez años allí. Era la época de las
grandes bandas y eso se percibía. Incluso *aprendió a hacer zapateo
americano, con lo que se ganaba unas monedas en las esquinas*. Si hacés
eso, es porque ya estás relacionado con el ritmo”, cuenta a LA NACION
/revista /*Daniel */*Pipi */*Piazzolla*, destacado baterista porteño y
nieto del autor de “Libertango”. “Siempre le gustó muchísimo. Cuando iba
a su casa solía mostrarme discos de Keith Jarret. Tuvo un ida y vuelta
con esa música”, recuerda.

“El swing es todo, porque si uno no tiene swing en música no tiene
nada”, declaró alguna vez el creador de “Adiós Nonino” a la prensa
francesa, al tiempo que provocaba: “Y el tango en sí mismo no tiene
swing: es una cosa militar: ¡ran-tan-plan!”.

Es que Astor estaba maravillado con las orquestas de jazz, en donde era
todo humor en el escenario. “Esto tengo que llevarlo a mi música, dijo y
empezó a escribir no para una línea de bandoneones o de violines, sino
para el lucimiento de cada solista y, en definitiva, del grupo”, explica
a LA NACION /revista/ María Susana Azzi, autora de su biografía más
reciente, quien detalló cómo las ideas piazzollianas causaron una
conmoción entre los cultores tradicionales del tango. *“Piazzolla rompió
un paradigma musical. Él tocaba para ser escuchado, no para bailar.
*Siempre había tocado el bandoneón sentado y, en una declaración de
libertad, decidió hacerlo de pie. Fue una declaración de independencia
del tango tradicional, y una manera de dirigir sus conjuntos”, opina Azzi.

Para el musicólogo *Omar García Brunelli*, la influencia de aquella
música afroamericana no sólo estuvo en la armonía, sino que dio forma a
yeites o riffs típicos del sonido apiazzollado. “En un tema como «Sens
Unique» utilizó el mismo principio que hacía *Glenn Miller* en «In the
Mood» de agrupar las notas musicales de a tres. Era la primera vez que
se hacía en el tango”, explica García Brunelli. Y agrega: “Lo que hacía
no sonaba a jazz, pero empezaba a aplicar principios y a generar cambios
que a la larga iban a ser muy importantes”.

Es que el proyecto que fue forjando Piazzolla con el tiempo se centró en
revolucionar al tango, tanto en la música como en el plano estético:
subvertir aquel canon que asociaba a la música de Buenos Aires con
cosmovisiones populares decimonónicas, vetustas y cada vez más pasadas
de moda. La influencia de las armonías modernas y el ritmo del jazz, así
como de la música clásica contemporánea de *Bártok, Stravinsky o Ravel*,
fueron catalizadores de esta transformación. ¿Cómo gestó aquella cruzada
musical?

      Octeto, jazz e improvisación

A mediados de los años 50, tras regresar de sus estudios en París con la
exigente *Nadia Boulanger *y redescubrir al tango como un faro
vocacional (“Nunca lo abandone”, le había dicho de manera profética la
compositora), *Piazzolla formó el Octeto Buenos Aires e inventó el Nuevo
Tango.* Ya nada fue igual.

Una de las novedades de aquella formación fue la incorporación de la
guitarra eléctrica, un condimento moderno de notoria influencia
jazzística. “Cuando formó ese conjunto, Piazzolla quería un guitarrista
que pudiera improvisar. Los de tango, como [Roberto] Grela, eran
buenísimos, pero eran muy tangueros y de jazz no tenían la más mínima
noción”, contó a LA NACION /revista/ Horacio Malvicino, quien con 25
años ocupó aquel lugar desafiante.

“Astor fue una noche al único club de jazz que había, el Bop Club, que
estaba en San Martín y Lavalle, en donde yo solía tocar. Al terminar el
show me citó a tomar un café y a conocer al resto del Octeto. Casi me
desmayo”, contó Malvicino, quien por entonces sentía admiración por los
fraseos y melodías de Charlie Christian en la banda de Benny Goodman.

¿Era posible improvisar en el Nuevo Tango como lo hacían los músicos
norteamericanos en standars como “Autumn Leaves” o “Cherokee”? Malvicino
afirma que sí. “Fui el primero que empezó a hacerlo sobre los temas de
Piazzolla, como si fuera un tema de jazz, además de tocar lo que él
escribía, que era muy difícil”. El propio Piazzolla explicó una vez el
rol de la improvisación en su música: “Yo le doy la partitura al
violinista. Ahí está escrito do-re-mi-fa-sol-la-si-do, pero le digo que
lo toque como lo siente”.

Fue así que *el Octeto Buenos Aires causó un terremoto en la tradición
tanguera.* Tuvo defensores, los “modernos”, pero también muchos
detractores que acusaban a Piazzolla de arruinar al género. Son
conocidas las trifulcas y peleas en las que podían terminar los shows.
Pero lo cierto es que, quizá por el desafío vanguardista de la
propuesta, la música del Octeto fue un fracaso comercial y Astor lo
disolvió. Decidió volver a Nueva York para probar su suerte.


      Del tango-jazz a la Reunión Cumbre

*Louis Armstrong* grabó “El choclo”, de Ángel Villoldo, bajo el nombre
“Kiss of Fire” y una versión de “Adiós Muchachos”, de Julio Sanders, a
la que llamó “I Get Ideas”. Fue en el inicio de la década del 50 y, al
parecer, estos cruces entre el jazz y el tango estaban de moda.
Piazzolla, tras su regreso a Estados Unidos, tuvo la oportunidad de
hacer un experimento similar.

Fue en la placa /Take me Dancing/, de 1959, en la que apostó a versionar
con su bandoneón y ritmo de 3-3-2 algunos temas clásicos como
“Sophisticated Lady”, de Duke Ellington, o “Lullaby of Birdland”, de
George Shearing. Claro, si Satchmo había viajado del jazz al tango, ¿por
qué no hacerlo a la inversa? Lo cierto es que el resultado fue de dudoso
gusto y el éxito tampoco llegó.

Astor nunca abandonó la curiosidad por la experimentación y búsqueda de
nuevos sonidos. A lo largo de los años su producción compositiva fue
tanto prolífica como innovadora: *sólo en los 60 grabó una veintena de
placas entre simples y LP*, que consolidaron su sonido del Nuevo Tango.
Ahí aparecieron su ópera /María de Buenos Aires/, sus cruces con
Goyeneche, su “Balada para un loco” inolvidable junto a Amelita Baltar y
su demoledor “Adiós Nonino” con el quinteto.

Pero en los 70, *al calor del jazz-rock de Chick Corea y la música de
Quincy Jones *a los que admiraba, se abrió paso a caminos eléctricos
nunca explorados por el tango. En Italia, con un formato más cercano al
rock progresivo, grabó en Milán el celebrado “Libertango”. Formaban
parte del grupo el bajista Pino Presti y el baterista Tullio de Piscopo,
quien entonces integraba también el grupo del saxofonista barítono Gerry
Mulligan. Ambos, en comunicación desde Italia, comparten con la nacion
revista sus vivencias.

Cuando a Mulligan le mostraron la grabación de Libertango quedó
encantado y buscó la manera de grabar con el argentino

“Estaba en el auto con Gerry y se me ocurrió dejarlo escuchar el casete
con la grabación de Libertango. *Gerry se sintió inmediatamente
abrumado, enloquecido y encantado con el sonido*, la melodía, esa nueva
onda rítmica y penetrante”, recuerda De Piscopo. “Inmediatamente me dijo
que le gustaría hacer algo con Astor Piazzolla y no perdí el tiempo. Los
puse en contacto a través del productor Aldo Pagani y así cobró vida
esta perla de la discografía mundial que es Summit”.

Si bien Mulligan era un jazzman consagrado y un eximio improvisador, la
interpretación del repertorio de Piazzolla que dio forma al disco
/Summit/, traducido aquí como /Reunión cumbre/, fue un desafío por la
exigencia musical de las composiciones. “La grabación requirió mucho
esfuerzo, precisión, habilidades de lectura visual y al mismo tiempo
inventiva”, rememora el bajista Pino Presti. “Además, la búsqueda de un
sonido que no se rompiera con las notas más bajas del saxofón barítono
de Mulligan fue fundamental para mí como bajista”. Consultado por su
canción preferida del /Summit/, De Piscopo se inclinó por “Deus Xango”:
“Es conmovedora y rítmica al mismo tiempo, al escucharla me lleva a las
calles de Nápoles y a los callejones de Buenos Aires. Es una canción que
te arranca la piel”.

/Summit /fue un disco que le permitió a Piazzolla alcanzar niveles de
difusión mucho mayores alrededor del mundo. “Significó mucho, porque
llegó a oídos del universo del jazz. Franca Mulligan, viuda de Gerry, me
contaba que cada vez que llegaban las regalías se reían porque eran
muchísimas. Se ha vendido mucho ese disco”, cuenta su biógrafa Azzi, y
agrega: “Además como las composiciones eran de Astor, su nombre aparece
en primer lugar. Se impuso como lo hizo siempre con su música y su arte”.


      Piazzolla y su legado en el jazz

Durante una gira con el experimentado saxofonista *Phil Woods*, el
trompetista argentino Gustavo Bergalli le preguntó cuál era la mejor
formación que había escuchado. “El quinteto de Astor Piazzolla, me dijo.
No lo podía creer. ¿Y el de Miles Davis?, le volví a preguntar… pero no,
Astor estaba por encima de todos”, cuenta Bergalli a LA NACION
/revista/. La respuesta de Woods, quien fue considerado el principal
heredero musical de Charlie Parker, cobró sentido años más tarde cuando
grabó una placa dedicada a su música.

Es que la obra de Piazzolla siempre causó fascinación entre los músicos
de jazz. En 1996, *el homenaje Astortango reunió a los pianistas Chick
Corea, Danilo Pérez y al vibrafonista Gary Burton *para interpretar
“Violentango” ante un auditorio repleto. Burton no sólo había tocado,
sino que grabó y estudió la música del Nuevo Tango como pocos músicos de
su generación.

“El legado es siempre hacer cosas nuevas, querer ser mejor, estudiar tu
instrumento, ser profesional. La rebeldía de realizar lo que uno piensa
y no lo que quiere el resto, no olvidarse de dónde se viene”, opina
Daniel /Pipi /Piazzolla, que reconstruye la música de su abuelo con su
grupo Escalandrum.

*“Cambió el tango, así como Dizzy Gillespie y Charlie Parker cambiaron
al jazz.* Pero él lo cambió solo”, afirma Gustavo Bergalli, y agrega:
“Su música me atraía muchísimo. Era excitante tocarla, llena de
novedades, con mucha energía y polenta. Astor tenía un total
convencimiento de lo que hacía. Derribaba paredes con su bandoneón”.

Sin dudas, el universo del jazz contribuyó a forjar un espíritu de
creatividad y libertad en la obra de Astor Piazzolla, cualidades que
urge celebrar a cien años de su nacimiento.



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