D'Cuba Jazz
Viernes, 27 de Agosto, 2021
La ENA y el ISA —Instituto Superior de Arte, hoy Universidad d0e las Artes; se sigue llamando ISA en todos los medios, así de simple— fueron transformados por esa generación en la cual el joven Fabelo supo cómo el talento, a fuerza de lidiar con la técnica y poner a prueba la mejor de
las tenacidades, se convierte en instrumento generador de la maravilla.
No hay espacio aquí, ni es el momento, para relatar cómo aquel muchacho, que nació en Guáimaro en una familia que vivía al día —cuando había con qué, y si no había que esperar el otro día—, llegó a ser, según nos dice Gabriel García Márquez, «Sin lugar a duda uno de los mejores dibujantes del mundo».
Lo que sabemos todos, lo que nos asombra y nos enorgullece, es ver cómo, de esa combinación de conceptos y mano formidable, han salido mujeres, caracolas, sirenas, gallos y cuanto bicho tiene algo que decir en una realidad otra en que la metáfora, el humor y el morbo —como él
mismo deja refrendado en su catálogo— son concurrentes y recurrentes.
Entonces, en una visible paradoja, logra lo que muy pocos artistas plásticos. En cualquiera de los objetos de su obra diversa —y muchas veces de difícil lectura— cualquier outsider reconoce la mano de Fabelo.
Mientras esto sucedía, en la misma ENA y en el mismo ISA jóvenes como él desafiaban cualquier barrera, y uniendo las más fuertes tradiciones con las audacias de la vanguardia de cualquier latitud y la recia academia que llegaba a través de profesores de la Unión Soviética y otros países socialistas de Europa, se lanzaban a la conquista de la más grande revolución musical de la historia de nuestra cultura.
Se compartía las aulas, los comedores, los dormitorios, alguna que otra novia —o novio, según fuera el caso—, la vida y sus inimaginables experiencias.
Hoy Fabelo comparte esta fiesta de la música más universal con aquellos que fueron maestros, con sus contemporáneos, contemporáneos con los que llegaron después… y con quienes prefiguran un futuro brillante.
En su estudio de Miramar nos recibió y nos agradeció en una muestra de grandeza. Pero no quiso prestarnos ni donar una de sus tantas obras para Jazz Plaza. Llamó a su hijo Gabriel, cuya obra joven y sorprendente nos recuerda aquel Fabelo del que hablábamos, y le preguntó: «¿Qué? ¿Nos inventamos una obra para el Festival?». La respuesta, ya saben, es esta obra de técnica mixta recién salida del horno: Fiesta sonora, que estará presente en todos los espacios y en toda la documentación de Jazz Plaza 2020.
Gracias, Fabelo —perdió el nombre hace tiempo, ya es solo su apellido—; Gracias, Gabriel —parece que ha encontrado ese apellido—.
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Roberto Fabelo: Una obra creada especialmentepara Jazz Plaza
NOTICIAS
Roberto Fabelo: Una obra creada especialmentepara Jazz Plaza

Por: Jorge Gómez
Fecha: 2021.01.23
Fuente: Diario Jazz Plaza 2021
La ENA y el ISA —Instituto Superior de Arte, hoy Universidad d0e las Artes; se sigue llamando ISA en todos los medios, así de simple— fueron transformados por esa generación en la cual el joven Fabelo supo cómo el talento, a fuerza de lidiar con la técnica y poner a prueba la mejor de
las tenacidades, se convierte en instrumento generador de la maravilla.
No hay espacio aquí, ni es el momento, para relatar cómo aquel muchacho, que nació en Guáimaro en una familia que vivía al día —cuando había con qué, y si no había que esperar el otro día—, llegó a ser, según nos dice Gabriel García Márquez, «Sin lugar a duda uno de los mejores dibujantes del mundo».
Lo que sabemos todos, lo que nos asombra y nos enorgullece, es ver cómo, de esa combinación de conceptos y mano formidable, han salido mujeres, caracolas, sirenas, gallos y cuanto bicho tiene algo que decir en una realidad otra en que la metáfora, el humor y el morbo —como él
mismo deja refrendado en su catálogo— son concurrentes y recurrentes.
Entonces, en una visible paradoja, logra lo que muy pocos artistas plásticos. En cualquiera de los objetos de su obra diversa —y muchas veces de difícil lectura— cualquier outsider reconoce la mano de Fabelo.
Mientras esto sucedía, en la misma ENA y en el mismo ISA jóvenes como él desafiaban cualquier barrera, y uniendo las más fuertes tradiciones con las audacias de la vanguardia de cualquier latitud y la recia academia que llegaba a través de profesores de la Unión Soviética y otros países socialistas de Europa, se lanzaban a la conquista de la más grande revolución musical de la historia de nuestra cultura.
Se compartía las aulas, los comedores, los dormitorios, alguna que otra novia —o novio, según fuera el caso—, la vida y sus inimaginables experiencias.
Hoy Fabelo comparte esta fiesta de la música más universal con aquellos que fueron maestros, con sus contemporáneos, contemporáneos con los que llegaron después… y con quienes prefiguran un futuro brillante.
En su estudio de Miramar nos recibió y nos agradeció en una muestra de grandeza. Pero no quiso prestarnos ni donar una de sus tantas obras para Jazz Plaza. Llamó a su hijo Gabriel, cuya obra joven y sorprendente nos recuerda aquel Fabelo del que hablábamos, y le preguntó: «¿Qué? ¿Nos inventamos una obra para el Festival?». La respuesta, ya saben, es esta obra de técnica mixta recién salida del horno: Fiesta sonora, que estará presente en todos los espacios y en toda la documentación de Jazz Plaza 2020.
Gracias, Fabelo —perdió el nombre hace tiempo, ya es solo su apellido—; Gracias, Gabriel —parece que ha encontrado ese apellido—.
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