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Mi gusto musical y Janio Abreu

Por: jds
Fecha: 2021.01.18

DEL REPUDIO INSTANTANEO A LA PROFUNDA EMOCION

Acabo de experimentar uno de los extremos cuando escucho música. Me he percatado, luego de más de 60 años cuando disfruté entonces desde La Aragón y Paul Anka a Beny Moré y Johnny Mathis, que mi reacción instintiva hacia esos sonidos hechos por el hombre van del repudio instantáneo a una profunda emoción.

Me ha sucedido incluso antes de mi etapa de adolescente, en fiestas entre amistades del barrio, cuando desde Duke Ellington a Chopin me marcaron la banda sonora de mi estética musical a través de la presencia de su obra en los “comics” televisivos de mi infancia. O el haber escuchado el rock and roll de Bill Hailey y sus Cometas en un cine de El Cerro, cuando aún usaba pantalones cortos, como se estilaba entonces.

Mientras bailaba con Pello El Afrokán en una comparsa universitaria o disfrutaba Nocturno y Tríos en la Noche, de Radio Progreso, iba dejando a un lado corrientes que mortificaban mi oído.

A lo largo de décadas he sumado gustos –y disgustos—sonoros y, aunque decantado cada vez más por música para escuchar que para bailar, creo que mi diapasón de aceptación permanece sensible a modernidades, siempre que la calidad las presida.

Tengo una apreciable colección de grabaciones, en las que predomina el jazz  pero también está presente lo clásico y, no podía faltar, lo latinoamericano, especialmente lo cubano. Como coleccionista conservo cosas que sólo he escuchado una vez, pero la mayor parte de lo que disfruto puedo extraerlo de mi fonoteca, iniciada hace ya más de medio siglo.

Esta introduccion me nace por un episodio muy reciente que quiero compartir en este sitio que ayudé a fundar, como invitación a que otros intenten escuchar lo que viví a poco mas de un metro de distancia de su protagonista, el saxofonista Janio Abreu, al grabar un panel del XVI Coloquio de Jazz 2021 que empezará a emitirse por el Canal Clave de Cuba, a partir del próximo día 19.

Hablábamos de Leonardo Acosta, el múltiple intelectual que da nombre a ese Coloquio, que entre otras cosas fue saxofonista alto hace más de seis décadas y cuya obra bibliográfica marcó la carrera del joven músico que tuve a mi lado en esa jornada de grabación, como la mía propia, sin ser músico.

Como colofón de opiniones e informaciones relacionadas con la vida de Leonardo, Jairo interpretó una de las piezas que mas le gustaba al fallecido Premio Nacional de Literatura (2007) y de Música (2014): Take the “A” train, clásico estándar de la banda de Duke Ellington que he escuhado decnas, cientos de veces.

Pero con su ejecución me sobrevino una profunda emoción, sentimiento extremo que pocas veces experimento y que, en música en vivo, sólo recuerdo en pocas ocasiones.

La primera fue al escuchar a un jovencísimo y sorprendente Gonzalo Rubalcaba al frente de su grupo es un lejano Jazz Plaza, en el cabaret Parisién capitalino, en una demostración de virtuosismo que entusiasmaría hasta a las piedras de un cementerio, como demostró aquella nche el flautista Dave valentín que se subió en dos ocasiones al escenario para improvisar con el joven pianista.

Otra fue, en ocasión de otro Jazz Plaza, cuando la Unión de Periodistas de Cuba era subsede por la labor que acogía del Club Cubano de Jazz en su segunda temporada, y se presentó el legendario estadounidense Jack Dejohnette, quien ante la ausencia de audio por problemas técnicos, obvio micrófono y ejecutó un muy prolongado solo de batería que nada mas quedó registrado en la memoria de los allí presentes, capaz de elevar a los cielos el alma de los más ateos.

Lo que hizo Janio, hace unos días, sentado muy tranquilo en un sofá, sin importarle que la columna de aire en esa posición no resultara favorecida, me llevó a esos casos cimeros –que no son únicos por suerte—por calidez, imaginación, creatividad, impecable ejecución y la naturalidad con que dejó salir en forma de notas musicales su homenaje personal a Leonardo.

Es de agradecer, entre otras muchas razones, a que mi país produzca valores como este, tan abundantes hoy que necesitarían multiplicar espacios y plataformas, como los bíblicos panes y peces, para acogerlos a todos y pudieran desplegar entre nosotros el talento creado, cultivado y favorecido por nuestra sociedad. La emoción sentida la sintetizo ahora: Gracias Janio.

Foto MJA

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