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Alberto Lescay Castellanos: Música en movimiento

Por: Joaquín Borges-Triana
Fecha: 2020.12.23

 Hay un tipo de persona que se desplaza de una ciudad a otra, con
estancias temporales en ellas por la sencilla razón de que son seres que
tienden a la errancia. Justo es ese el caso de Alberto Lescay
Castellanos, o Albertico, como muchos suelen decirle para diferenciarlo
del nombre de su padre, reconocido escultor y pintor. De ahí que a este
trompetista, tecladista, compositor y arreglista nos lo podemos
encontrar por igual viviendo en su natal Santiago de Cuba -lugar del que
nunca se va del todo-, en La Habana o en Nueva York. A fin de cuentas,
como dijese nuestro José Martí, «Patria es humanidad».

Y como la música es eso: mantra, pura vibración, esferidad…, jamás
podría existir sin movimiento, sin resonancia. Tal vez en boca del
escritor cubano José Lezama Lima sería «la ontología esencial de todas
las cosas. Lo primero no fue el verbo, sino la resonancia». En la ópera
prima de Alberto Lescay Castellanos, el /CD Escape/, uno siente la
profunda vocación de este artista por el viaje, por defender cuanto ha
recibido en ese ir y venir por el mundo, sin que ello lo lleve a olvidar
las raíces de donde proviene.

Semejante filosofía no es nueva para el creador y líder del grupo
Formas. Ya en un trabajo suyo anterior, el /demo/ titulado/Errante/ y
producido en 2001, se apreciaba idéntica intención. De manera
lamentable, dicha producción nunca fue licenciada por una discográfica y
permanece engavetada.

Otro aspecto que considero importante resaltar en una propuesta como la
de este primer fonograma del trompetista y tecladista santiaguero es que
representa un ejemplo de lo que hoy se puede lograr cuando se unen
esfuerzos de las instituciones oficiales con el quehacer de los nuevos
modelos de gestión cultural entre nosotros y que poco a poco van
abriéndose paso en Cuba, a pesar de que todavía existan no pocas miradas
prejuiciadas hacia ellos.

/Escape/ es una producción licenciada por la Empresa de Grabaciones y
Ediciones Musicales (Egrem), después de haberse concretado con el
auspicio de la Asociación Cubana de Derecho de Autor Musical, Caguayo S.
A. y Zona Jazz. Como se ve, el álbum es el resultado de la interacción
entre organismos estatales, una fundación u ONG y un proyecto privado de
un colectivo de emprendedores. Tal mancomunión consigue que el disco,
desde su salida al mercado, se encuentre disponible en las plataformas
iTunes, Google Play Music y Deezer, a través de la distribuidora digital
Ditto Music, la más importante para mover lo que se valora hoy como
música independiente en América Latina.

En lo referido propiamente al contenido del disco, abre con el corte
denominado Invasión, un tema que por medio de apelar a la conga
santiaguera transmite el reencuentro del protagonista de la producción
con sus esencias, procedentes de la llamada tierra caliente. Pero claro,
como que Alberto Lescay Castellanos no es un hombre detenido en el
tiempo, junto a la percusión característica de la conga aparece la
improvisación de teclados con timbres que nos evocan el mejor jazz rock
de los setenta.

De ahí en adelante, en los restantes diez cortes del álbum, si bien el
jazz funciona como columna vertebral, apreciamos un remarcado interés
por entregar una propuesta en la que el signo predominante es el de la
hibridación entre diferentes maneras de concebir el hecho musical. Por
dicha razón, aquí escuchamos elementos de rap, pasajes en los que la
electrónica tiene papel fundamental, otros que traen los aires de la
balada o momentos en los que el folclor afrocubano se hace sentir. Ese
apostar por una mezcla de géneros y estilos se percibe tanto en el
tratamiento orquestal otorgado a la percusión, como en el modo de
arreglar los instrumentos melódicos.

Si una pieza resulta representativa de lo expresado anteriormente es la
titulada Jugando, compuesta por Alberto en coautoría con su hermano
Arnaldo, destacado baterista con una carrera muy activa en España, país
en el que reside desde hace años. La línea melódica de este tema es
sencilla y llanamente encantadora.

Otros momentos del fonograma a los que sugiero prestar especial atención
son Voces tristes, con un trabajo delicioso a cargo de Alberto Lescay
Castellanos en el vocoder; Escape hacia la luz -fijarse en lo llevado a
cabo por Alain Ladrón de Guevara en la batería- y Errante, donde Ángel
Toirac saca el máximo de provecho al órgano, instrumento no muy empleado
por nuestros tecladistas.

Con excelente producción a cargo de Esteban Puebla y varios invitados de
lujo, el material puede inscribirse en lo que se denomina nu jazz,
tendencia acuñada a mediados de los noventa y con cultores
internacionales como Saint Germain, Koop, Red Snapper, Jazzanova,
Matthew Herbert, Nicola Conte, The Cinematic Orchestra, Parov Stelar,
Gramatik, Quantic, Amon Tobin, Caravan Palace United Future Organization
y Nujabes.

Si bien Alberto Lescay Castellanos prefiere etiquetar su trabajo como
una manifestación de afro nu jazz -a estas alturas uno no sabe si los
seres humanos vivimos para nombrar o nombramos para vivir-, más allá de
clasificar o calificar su propuesta bajo el rótulo de una u otra
terminología, lo importante es que Escape resulta un disco de altísima
valía. Además, rompe con el estereotipo de que los santiagueros solo
interpretan música tradicional. De esa tierra y formados allí, en años
recientes también han surgido eminentes jazzistas como Aruán Ortiz,
Yaniel Matos y David Virelles, tres pianistas con impresionantes
carreras fuera de Cuba. A ellos hay que agregar ahora el nombre del
trompetista y tecladista Alberto Lescay Castellanos.

 

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