D'Cuba Jazz
Sábado, 28 de Agosto, 2021
actor, dramaturgo, traductor... ¿Cómo definir a este polímata
francés de las mil identidades en una sola etiqueta? En el
centenario de su nacimiento, Infobae Cultura habló con Edgardo
Scott, Eduardo Berti, Jorge Aulicino y Atzin Nieto para develar la
obra de este prolífico artista que murió cuando tenía tan sólo 39 años
A los doce años *Boris Vian* está en su cama, tapado y transpirado con
un pañuelo mojado en la frente, delirando de la fiebre, haciéndose
algunas preguntas existenciales. A los veinte toca la trompeta en un bar
de París junto a la orquesta de jazz que formó con sus hermanos. A los
veintiuno se besa apasionadamente con la poeta *Michelle Léglise
*mientras sus amigos le tiran arroz bajo un sol imponente. A los
veintidós acuna a un bebé recién nacido. A los veintitrés es un
ingeniero que, de traje y casco, da instrucciones en una planta ubicada
en las afueras de París. A los veinticuatro *Jean Paul Sartre *le pide
que le envíe algunos de sus cuentos para publicarlos en /Les Temps
Modernes/.
A los veinticinco es un escritor negro nacido en Estados Unidos
denunciando la criminalización que sufren los afroamericanos. A los
treinta se pone en pedo con *Charlie Parker*. A los treinta y dos se
vuelve a casar. A los treinta y tres el Colegio de Patafísica lo nombra
“Sátrapa Trascendente”. A los treinta y cinco cruza los pies sobre el
escritorio en un despacho de Philips; en la puerta, en imprenta, dice:
/Boris Vian, director artístico/. A los treinta y cinco sube al estrado
en el Festival de Cannes a recibir la Palma de Oro. A los treinta y
nueve está en el cine viendo una película basada en una de sus novelas
cuando la muerte, disfrazada de paro cardíaco, lo abraza y le dice:
tenemos que irnos.
“Ingeniero desertor, como *Musil *o *Wilcock*, pero también trompetista,
pintor y cantante, si hubiera emigrado a la Argentina, *Boris Vian*
podría ser uno de los 7 locos. En cambio, fue una especie de eslabón
perdido entre el surrealismo y la Oulipo con un toque existencialista y
patafísico. Y a la vez un hermano menor de *Queneau*, y un doble de
riesgo, más jazzero, de *Georges Brassens*". El que habla es el escritor
argentino *Edgardo Scott*. Desde su departamento en París, cuando ya es
medianoche en la capital francesa, habla con *Infobae Cultura* sobre
aquel polímata que vivió mil vidas en apenas 39 años llamado *Boris Vian*.
“Lo primero que leí —continúa Scott— por suerte fue, /*La hierba roja*/,
en esa mítica colección del Club Bruguera. Es uno de esos libros que
deberían ser de lectura obligatoria. Cuando se es joven o para intentar
ser menos viejo siempre. Él dice eso en un poema, cito de memoria: el
problema no es envejecer después de haber vivido, el problema es empezar
por ahí. Tratándose de Vian, /*La hierba roja*/ fue ya una novela
tardía, aunque también como *Arlt *y como *Wilcock *murió bastante
joven, de un ataque al corazón, a los 39. Cuesta imaginar ese ritmo de
vida y de creación, digamos, 39 años más”.
Hace cien años, un 10 de marzo de 1920, bajo un cielo pálido y un clima
de no más de diez grados, nació *Boris* *Vian*. Una casa grande en
Ville-d’Avray que disfrutó hasta que la economía familiar se desplomó.
No eran ricos; pero vivían de rentas. Su padre era dueño de varias
propiedades pero con la crisis del 29 todo se fue al tacho. La cuota
artística estaba presente porque era traductor de inglés y alemán,
además de poeta aficionado. Su madre tocaba el piano y el arpa con la
delicadeza de los ángeles. Podría decirse que creció entre algodones
pero no es cierto: además del contexto económico en decadencia, tuvo un
ataque de fiebre reumática y tifoidea que le dio, además de fragilidad,
una sentencia: la vida es corta y hay que vivirla al palo.
Se recibió de ingeniero, se casó joven y tuvo dos hijos mientras pulía
su pluma literaria. Era un entusiasta delirante de cuentos y novelas y
poemas y críticas musicales y notas periodísticas. El primer libro que
publicó se tituló /*Escupiré sobre vuestra tumba*/. Una novela que salió
al mundo en 1946 con un seudónimo, el de *Vernon Sullivan*, un supuesto
escritor negro estadounidense. Pero fue más allá: se hizo pasar por su
traductor y escribió un prefacio donde decía que “aquí (en Francia)
nuestros moralistas de siempre reprocharán algunas de las páginas de
esta obra”. Tenía razón: la construcción de ese personaje negro,
antiracista y vengador de blancos le costó algunos juicios por “ultraje
a las buenas costumbres”. Además, tuvo que visibilizarse como el autor
detrás de Sullivan.
“Una cosa que se olvida mucho es que *Boris Vian* era conocido como
músico y como periodista de jazz, y costó muchísimo que el status quo
literario de Francia lo reconociera como escritor”, dice del otro lado
del teléfono el escritor *Eduardo Berti*. Camina por París mientras
conversa con *Infobae Cultura*, regresando a su casa luego de la
presentación de un particular libro en La Sorbona, la histórica
universidad pública, titulado /*On n’y échappe pas*/. Con miembros de la
escuela literaria Oulipo participó de un interesante trabajo: terminar
una novela policial que Vian había dejado inconclusa.
“Una idea que tuvo a finales de 1950 —cuenta Berti— y llegó a escribir
cuatro capítulos, que si bien se nota que fueron escritos rápidamente,
eso le da un encanto muy grande al texto. Lo que los herederos de Vian
le dieron a Oulipo cuando nos propusieron que completáramos esta
historia fueron, no sólo esos cuatro capítulos, sino también una
sinopsis que dejó escrita Vian. Nosotros trabajamos con una libertad
bastante restringida, pero a la vez teníamos un montón de espacio en el
que tuvimos que sembrar indicios falsos, ajustar tuercas, agregar
algunos personajes, desarrollar escenas. En el fondo fue un trabajo muy
oulipiano, ¿viste que Oulipo trabaja mucho con la restricción?”
Cinco libres imprescindibles de Boris Vian
Cinco libres imprescindibles de Boris Vian
Además de *Vernon Sullivan*, usó como seudónimo *Boriso Viana, Baron
Visi, Brisavion, Navis Orbi, Bison Ravi*, muchos de ellos anagramas de
su propio nombre; en total fueron treinta y siete. ¿Quién se escudaría
hoy, en esta época de narcisismos, detrás de una figura fantasmática
para preservarse en el anonimato? Más novelas como Sullivan: /*Todos los
muertos tienen la misma piel, Que se mueran los feos, Con las mujeres no
hay manera*/. Como *Boris Vian* tiene unos cuantos libros que marcaron a
varias generaciones: /*La espuma de los días*/, la mencionada /*La
hierba roja*/ y /*El arrancacorazones*/.
“Leímos a Vian tardíamente, en los primeros setenta”, le cuenta *Jorge
Aulicino*, poeta y periodista, a *Infobae Cultura* en una comunicación
vía mail. "El absurdo y la ironía burlona de libros como /*El
arrancacorazones*/ nos atrajeron, pero la literatura francesa pre y pos
surrealista iba quedando atrás. Las obras que conocíamos de Vian eran
las que se conseguían entonces traducidas, porque a los traductores del
francés no les importaba mucho Vian, sobre todo su poesía. La novela
/*Escupiré sobre vuestra tumba*/, un policial raro, escandaloso,
prohibido, que Vian ubicó en un ambiente que no conocía directamente,
con intención claramente anti racista, no se conseguía entonces, y los
poemas, menos.
“La novela es lógico que no se hubiese traducido en la España
franquista. Realmente no lamenté no haberla leído en su momento. Ese
tipo de escándalos no me interesa. Tampoco el que provocó en esos años
/*La naranja mecánica*/, de Burgess. Cuando leí los poemas de Vian,
quince años después -no todos, algunos que se podían encontrar por ahí-
me encontré un Vian siempre irónico, provocativo, pero más cercano, más
íntimo a pesar de la ironía, o con ella, no sé”, concluye Aulicino. Hay
un poema de Vian que empieza así: “Si los poetas fueran menos tontos / y
si fueran menos perezosos / harían a todos felices”.
Desde Ciudad de México, *Atzin Nieto* lee con pasión las novelas de
*Boris Vian *y todos sus seudónimos. Es un joven escritor que participó
de varias antologías literarias y hoy es pasante de la carrera de Lengua
y literatura Hispánicas en la UNAM. Desde el país azteca le dice a
*Infobae Cultura* que Vian es, antes que nada, “un escritor
incomprendido, desobediente, criticado por ‘escribir como se habla’,
pero cuya lectura resulta, como su propia vida, vertiginosa, emocionante
y surreal. Un autor que imitó el /feeling /de los grandes escritores
norteamericanos de novela negra y supo imprimirle su propio estilo a
pesar de las constantes censuras”.
Festejos de la liberación de París: Boris Vian toca la trompeta mientras
Jean Louis Barrault baila con Madeline Renaud (Foto: Northcliffe
Collection/ANL/Shutterstock)
Festejos de la liberación de París: Boris Vian toca la trompeta mientras
Jean Louis Barrault baila con Madeline Renaud (Foto: Northcliffe
Collection/ANL/Shutterstock)
Para *Edgardo Scott*, “Vian es uno de esos escritores que desconciertan
a todos los críticos, que terminan por asignarle definiciones como
`multifacético’ o ‘inclasificable’ cuando en realidad parecen
absolutamente hechos por y para la literatura. Como si su paso por la
vida `real’ hubiera sido apenas un pretexto o una justificación -la gran
condición- para antes y después no salir nunca más de sus páginas”. Leer
sus textos hoy, agrega *Atzin Nieto*, “nos ayuda a entender cómo fue esa
época de jazz y surrealismo después de la posguerra. Además, sus novelas
negras resultan ser vigentes en cuanto a los temas que se tocan y nos
muestran a un autor que sabía escribir desde diferentes trincheras y lo
hacía de manera admirable”.
*Boris Vian* fue de esos tipos que tajeaban la opinión pública: o lo
querían o lo odiaban. “Tuvo gente que lo defendió muchísimo como
*Raymond Queneau*, fundador de Oulipo, pero tuvo muchísima resistencia
en la /intelligentsia /literaria”, cuenta *Eduardo Berti*. “Y fue años
más tarde, ya con el tono de otra épica, Mayo del 68, etcétera, que la
obra empezó a funcionar. Y no me parece tal vez tan casual que empezara
a funcionar en un momento en que estaban apareciendo escritores como el
*Cortázar* de /*Rayuela*/ o el boom de *Jack Kerouac*, es decir, otros
escritores que tuvieron que ver con el jazz y que hicieron una
literatura donde la oralidad es muy fuerte”.
“A mí me parece que el único modo que él logró hacer un libro que
tuviera un poco de repercusión fue cuando se tuvo que disfrazar y
ponerse bajo la piel de *Vernon Sullivan *y publicar una novela policial
y fingir que era una traducción suya del francés, lo que reveló, entre
otras cosas, que había un prejuicio. Porque cuando él se borra como
*Boris Vian *y aparece la obra sola, pese a que es una obra que juega en
otro liga porque parodia el estilo de *Chandler*, pero hay momentos de
escrituras de Vian, tuvo que hacer esa maniobra para que se lo leyera
sin prejuicios. Prejuicios que eran mucho más fuertes donde los límites
entre lo que era el mundo literario y la cultura popular”, concluye Berti.
Fue ese mismo libro, /*Escupiré sobre vuestra tumba*/, el que toda la
curva hasta su último día. Cedió los derechos para que la llevaran al
cine pero las negociaciones lo dejaron fueron de la adaptación y terminó
peleado con todo el equipo de filmación. No tenía idea qué estaban
haciendo con su gran novela. El día de su estreno se subió el cuello del
sobretodo hasta las orejas, tapó su rostro con una bufanda, bajó el
sobrero hasta las cejas y entró al cine Le Petit Marbeuf. Algo en la
película —nunca sabremos si emoción, tristeza, bronca o simplemente
aburrimiento— aceleró lo inevitable: su frágil salud pisó el acelerador
y se estampó contra la muerte. Vivió al palo, como corresponde.
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DE INTERES: 100 años de Boris Vian, el hombre de las mil vidas
NOTICIAS
DE INTERES: 100 años de Boris Vian, el hombre de las mil vidas

Por: Luciano Sáliche
Fecha: 2020.09.14
Fuente: infobae.com
actor, dramaturgo, traductor... ¿Cómo definir a este polímata
francés de las mil identidades en una sola etiqueta? En el
centenario de su nacimiento, Infobae Cultura habló con Edgardo
Scott, Eduardo Berti, Jorge Aulicino y Atzin Nieto para develar la
obra de este prolífico artista que murió cuando tenía tan sólo 39 años
A los doce años *Boris Vian* está en su cama, tapado y transpirado con
un pañuelo mojado en la frente, delirando de la fiebre, haciéndose
algunas preguntas existenciales. A los veinte toca la trompeta en un bar
de París junto a la orquesta de jazz que formó con sus hermanos. A los
veintiuno se besa apasionadamente con la poeta *Michelle Léglise
*mientras sus amigos le tiran arroz bajo un sol imponente. A los
veintidós acuna a un bebé recién nacido. A los veintitrés es un
ingeniero que, de traje y casco, da instrucciones en una planta ubicada
en las afueras de París. A los veinticuatro *Jean Paul Sartre *le pide
que le envíe algunos de sus cuentos para publicarlos en /Les Temps
Modernes/.
A los veinticinco es un escritor negro nacido en Estados Unidos
denunciando la criminalización que sufren los afroamericanos. A los
treinta se pone en pedo con *Charlie Parker*. A los treinta y dos se
vuelve a casar. A los treinta y tres el Colegio de Patafísica lo nombra
“Sátrapa Trascendente”. A los treinta y cinco cruza los pies sobre el
escritorio en un despacho de Philips; en la puerta, en imprenta, dice:
/Boris Vian, director artístico/. A los treinta y cinco sube al estrado
en el Festival de Cannes a recibir la Palma de Oro. A los treinta y
nueve está en el cine viendo una película basada en una de sus novelas
cuando la muerte, disfrazada de paro cardíaco, lo abraza y le dice:
tenemos que irnos.
“Ingeniero desertor, como *Musil *o *Wilcock*, pero también trompetista,
pintor y cantante, si hubiera emigrado a la Argentina, *Boris Vian*
podría ser uno de los 7 locos. En cambio, fue una especie de eslabón
perdido entre el surrealismo y la Oulipo con un toque existencialista y
patafísico. Y a la vez un hermano menor de *Queneau*, y un doble de
riesgo, más jazzero, de *Georges Brassens*". El que habla es el escritor
argentino *Edgardo Scott*. Desde su departamento en París, cuando ya es
medianoche en la capital francesa, habla con *Infobae Cultura* sobre
aquel polímata que vivió mil vidas en apenas 39 años llamado *Boris Vian*.
“Lo primero que leí —continúa Scott— por suerte fue, /*La hierba roja*/,
en esa mítica colección del Club Bruguera. Es uno de esos libros que
deberían ser de lectura obligatoria. Cuando se es joven o para intentar
ser menos viejo siempre. Él dice eso en un poema, cito de memoria: el
problema no es envejecer después de haber vivido, el problema es empezar
por ahí. Tratándose de Vian, /*La hierba roja*/ fue ya una novela
tardía, aunque también como *Arlt *y como *Wilcock *murió bastante
joven, de un ataque al corazón, a los 39. Cuesta imaginar ese ritmo de
vida y de creación, digamos, 39 años más”.
Hace cien años, un 10 de marzo de 1920, bajo un cielo pálido y un clima
de no más de diez grados, nació *Boris* *Vian*. Una casa grande en
Ville-d’Avray que disfrutó hasta que la economía familiar se desplomó.
No eran ricos; pero vivían de rentas. Su padre era dueño de varias
propiedades pero con la crisis del 29 todo se fue al tacho. La cuota
artística estaba presente porque era traductor de inglés y alemán,
además de poeta aficionado. Su madre tocaba el piano y el arpa con la
delicadeza de los ángeles. Podría decirse que creció entre algodones
pero no es cierto: además del contexto económico en decadencia, tuvo un
ataque de fiebre reumática y tifoidea que le dio, además de fragilidad,
una sentencia: la vida es corta y hay que vivirla al palo.
Se recibió de ingeniero, se casó joven y tuvo dos hijos mientras pulía
su pluma literaria. Era un entusiasta delirante de cuentos y novelas y
poemas y críticas musicales y notas periodísticas. El primer libro que
publicó se tituló /*Escupiré sobre vuestra tumba*/. Una novela que salió
al mundo en 1946 con un seudónimo, el de *Vernon Sullivan*, un supuesto
escritor negro estadounidense. Pero fue más allá: se hizo pasar por su
traductor y escribió un prefacio donde decía que “aquí (en Francia)
nuestros moralistas de siempre reprocharán algunas de las páginas de
esta obra”. Tenía razón: la construcción de ese personaje negro,
antiracista y vengador de blancos le costó algunos juicios por “ultraje
a las buenas costumbres”. Además, tuvo que visibilizarse como el autor
detrás de Sullivan.
“Una cosa que se olvida mucho es que *Boris Vian* era conocido como
músico y como periodista de jazz, y costó muchísimo que el status quo
literario de Francia lo reconociera como escritor”, dice del otro lado
del teléfono el escritor *Eduardo Berti*. Camina por París mientras
conversa con *Infobae Cultura*, regresando a su casa luego de la
presentación de un particular libro en La Sorbona, la histórica
universidad pública, titulado /*On n’y échappe pas*/. Con miembros de la
escuela literaria Oulipo participó de un interesante trabajo: terminar
una novela policial que Vian había dejado inconclusa.
“Una idea que tuvo a finales de 1950 —cuenta Berti— y llegó a escribir
cuatro capítulos, que si bien se nota que fueron escritos rápidamente,
eso le da un encanto muy grande al texto. Lo que los herederos de Vian
le dieron a Oulipo cuando nos propusieron que completáramos esta
historia fueron, no sólo esos cuatro capítulos, sino también una
sinopsis que dejó escrita Vian. Nosotros trabajamos con una libertad
bastante restringida, pero a la vez teníamos un montón de espacio en el
que tuvimos que sembrar indicios falsos, ajustar tuercas, agregar
algunos personajes, desarrollar escenas. En el fondo fue un trabajo muy
oulipiano, ¿viste que Oulipo trabaja mucho con la restricción?”
Cinco libres imprescindibles de Boris Vian
Cinco libres imprescindibles de Boris Vian
Además de *Vernon Sullivan*, usó como seudónimo *Boriso Viana, Baron
Visi, Brisavion, Navis Orbi, Bison Ravi*, muchos de ellos anagramas de
su propio nombre; en total fueron treinta y siete. ¿Quién se escudaría
hoy, en esta época de narcisismos, detrás de una figura fantasmática
para preservarse en el anonimato? Más novelas como Sullivan: /*Todos los
muertos tienen la misma piel, Que se mueran los feos, Con las mujeres no
hay manera*/. Como *Boris Vian* tiene unos cuantos libros que marcaron a
varias generaciones: /*La espuma de los días*/, la mencionada /*La
hierba roja*/ y /*El arrancacorazones*/.
“Leímos a Vian tardíamente, en los primeros setenta”, le cuenta *Jorge
Aulicino*, poeta y periodista, a *Infobae Cultura* en una comunicación
vía mail. "El absurdo y la ironía burlona de libros como /*El
arrancacorazones*/ nos atrajeron, pero la literatura francesa pre y pos
surrealista iba quedando atrás. Las obras que conocíamos de Vian eran
las que se conseguían entonces traducidas, porque a los traductores del
francés no les importaba mucho Vian, sobre todo su poesía. La novela
/*Escupiré sobre vuestra tumba*/, un policial raro, escandaloso,
prohibido, que Vian ubicó en un ambiente que no conocía directamente,
con intención claramente anti racista, no se conseguía entonces, y los
poemas, menos.
“La novela es lógico que no se hubiese traducido en la España
franquista. Realmente no lamenté no haberla leído en su momento. Ese
tipo de escándalos no me interesa. Tampoco el que provocó en esos años
/*La naranja mecánica*/, de Burgess. Cuando leí los poemas de Vian,
quince años después -no todos, algunos que se podían encontrar por ahí-
me encontré un Vian siempre irónico, provocativo, pero más cercano, más
íntimo a pesar de la ironía, o con ella, no sé”, concluye Aulicino. Hay
un poema de Vian que empieza así: “Si los poetas fueran menos tontos / y
si fueran menos perezosos / harían a todos felices”.
Desde Ciudad de México, *Atzin Nieto* lee con pasión las novelas de
*Boris Vian *y todos sus seudónimos. Es un joven escritor que participó
de varias antologías literarias y hoy es pasante de la carrera de Lengua
y literatura Hispánicas en la UNAM. Desde el país azteca le dice a
*Infobae Cultura* que Vian es, antes que nada, “un escritor
incomprendido, desobediente, criticado por ‘escribir como se habla’,
pero cuya lectura resulta, como su propia vida, vertiginosa, emocionante
y surreal. Un autor que imitó el /feeling /de los grandes escritores
norteamericanos de novela negra y supo imprimirle su propio estilo a
pesar de las constantes censuras”.
Festejos de la liberación de París: Boris Vian toca la trompeta mientras
Jean Louis Barrault baila con Madeline Renaud (Foto: Northcliffe
Collection/ANL/Shutterstock)
Festejos de la liberación de París: Boris Vian toca la trompeta mientras
Jean Louis Barrault baila con Madeline Renaud (Foto: Northcliffe
Collection/ANL/Shutterstock)
Para *Edgardo Scott*, “Vian es uno de esos escritores que desconciertan
a todos los críticos, que terminan por asignarle definiciones como
`multifacético’ o ‘inclasificable’ cuando en realidad parecen
absolutamente hechos por y para la literatura. Como si su paso por la
vida `real’ hubiera sido apenas un pretexto o una justificación -la gran
condición- para antes y después no salir nunca más de sus páginas”. Leer
sus textos hoy, agrega *Atzin Nieto*, “nos ayuda a entender cómo fue esa
época de jazz y surrealismo después de la posguerra. Además, sus novelas
negras resultan ser vigentes en cuanto a los temas que se tocan y nos
muestran a un autor que sabía escribir desde diferentes trincheras y lo
hacía de manera admirable”.
*Boris Vian* fue de esos tipos que tajeaban la opinión pública: o lo
querían o lo odiaban. “Tuvo gente que lo defendió muchísimo como
*Raymond Queneau*, fundador de Oulipo, pero tuvo muchísima resistencia
en la /intelligentsia /literaria”, cuenta *Eduardo Berti*. “Y fue años
más tarde, ya con el tono de otra épica, Mayo del 68, etcétera, que la
obra empezó a funcionar. Y no me parece tal vez tan casual que empezara
a funcionar en un momento en que estaban apareciendo escritores como el
*Cortázar* de /*Rayuela*/ o el boom de *Jack Kerouac*, es decir, otros
escritores que tuvieron que ver con el jazz y que hicieron una
literatura donde la oralidad es muy fuerte”.
“A mí me parece que el único modo que él logró hacer un libro que
tuviera un poco de repercusión fue cuando se tuvo que disfrazar y
ponerse bajo la piel de *Vernon Sullivan *y publicar una novela policial
y fingir que era una traducción suya del francés, lo que reveló, entre
otras cosas, que había un prejuicio. Porque cuando él se borra como
*Boris Vian *y aparece la obra sola, pese a que es una obra que juega en
otro liga porque parodia el estilo de *Chandler*, pero hay momentos de
escrituras de Vian, tuvo que hacer esa maniobra para que se lo leyera
sin prejuicios. Prejuicios que eran mucho más fuertes donde los límites
entre lo que era el mundo literario y la cultura popular”, concluye Berti.
Fue ese mismo libro, /*Escupiré sobre vuestra tumba*/, el que toda la
curva hasta su último día. Cedió los derechos para que la llevaran al
cine pero las negociaciones lo dejaron fueron de la adaptación y terminó
peleado con todo el equipo de filmación. No tenía idea qué estaban
haciendo con su gran novela. El día de su estreno se subió el cuello del
sobretodo hasta las orejas, tapó su rostro con una bufanda, bajó el
sobrero hasta las cejas y entró al cine Le Petit Marbeuf. Algo en la
película —nunca sabremos si emoción, tristeza, bronca o simplemente
aburrimiento— aceleró lo inevitable: su frágil salud pisó el acelerador
y se estampó contra la muerte. Vivió al palo, como corresponde.
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