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DE INTERES: Bix Beiderbecke: In a Mist

Fecha: 2020.08.30
Fuente: Los latidos del Jazz

 Carl Beiderbecke nació en 1835 en Benninghausen una ciudad alemana cerca
de Colonia. Con 21 años emigró a los EE.UU. y en 1860 se casó con Louise
Pieper que acababa de pisar tierra americana procedente de Hamburgo. La
pareja le dio a su nuevo país cinco nuevos miembros. Al quinto de ellos,
de nombre de Bismark Herman y nacido en 1868, su padre le puso el apodo
de “Bix”. Este se casó con Agatha Jane Hilton y trajeron al mundo a
Charles Burnette (1895), a Mary Louise (1898) y a Leon Bismark (1903). A
este último su padre le traspasó su apodo de “Bix” nada más nacer.
Los Beiderbecke fueron una familia de melómanos apasionados por la
música clásica. El abuelo del último “Bix” fue director del coro de
Davenport (ciudad donde se habían asentado). Su madre fue una excelente
pianista y organista y su hermana siguió los pasos de su progenitora
desde muy temprana edad.

Bix Beiderbecke demostró desde la niñez poseer un talento precoz, ya que
era capaz de tocar en el piano cualquier melodía que oía. Incluso el
periódico “Davenport-Democrat” se hizo eco de la noticia de que un niño
de siete años podía reproducir de oído todo tipo de música.
Con 15 años Bix escuchó al corneta Nick LaRocca en un disco de la
“Original Dixieland Jazz Band” y sin ningún tipo de experiencia empezó a
descubrir los secretos del instrumento y a tomar buena nota de los
trucos que empleaban los músicos según caían en sus manos los primeros
discos de jazz.

Pasaron un par de años y la familia y los profesores de Bix tomaron
cartas en el asunto y le exhortaron a aprender solfeo y recibir una
educación musical académica. Bix se negó en rotundo y a sus padres no
les quedó otra opción que matricularle en la Lake Forest Academy, un
centro dedicado a las Artes dentro del Lake Forest College situado a
cincuenta kilómetros de la ciudad de Chicago. Bix llegó a esta
institución en septiembre de 1921 con 18 años de edad.

Chicago en esos días era un hervidero de notas de jazz, estas salían de
cualquier punto de la ciudad. Muchos de los mejores músicos de Nueva
Orleans se encontraban allí, empezando por King Oliver y un joven Louis
Armstrong, aparte de los valores locales. Bix se empapó de todos esos
sonidos en sus continuas visitas a Chicago. El resultado fue que montó
un pequeño grupo que se dedicó a tocar jazz en el campus de la academia.
El resultado también fue que le expulsaron.

Bix empezó su carrera profesional con veinte años formando parte de
grupos que actuaban en lo steamboats que partían de Chicago para navegar
por las tranquilas aguas del lago Michigan.

En 1924 formó parte de la Wolverine Orchestra liderada por el pianista
Dick Voynow y en ella permaneció diez meses. Con esta banda Bix
experimentó por primera vez lo que significaba entrar en un estudio de
grabación. El 18 de febrero grabó su primera canción que llevaba por
título “Fidget Feet <https://www.youtube.com/watch?v=1JVG-oV4eIw>” y el
8 de octubre tocó su primer “solo” de piano con un grupo de jazz. La
canción fue “Big Boy <https://www.youtube.com/watch?v=W5ZD2wWEGlY>”.
A mediados de ese mismo año de 1924 ocurrió un hecho importante en la
vida de Bix ya que conoció al saxofonista Frankie Trumbauer que se iba a
convertir en su amigo del alma durante toda su vida.

Al día siguiente de la grabación de “Big Boy” con la Wolverine Orchestra
seis músicos entraban en el mismo estudio. Entre ellos estaban Bix y
Frankie y registraron dos canciones “Flock O’Blues” y “I’m Glad
<https://www.youtube.com/watch?v=4gkTtrtqfxk>”. Se hicieron llamar,
Sioux City Six (1) y se convirtieron en un grupo fantasma ya que una vez
que sus componentes salieron del estudio la pequeña banda dejó de
existir. En el anecdotario del jazz tiene su sitio ya que en ella
grabaron juntos por primera vez Bix Beiderbecke y Frankie Trumbauer.

Desde 1925 hasta finales de 1927 ambos músicos formaron parte de las
mismas bandas siendo las más importantes la del propio Trumbauer y la
liderada por Jean Goldette.
En septiembre de 1927 Bix y Frankie fueron contratados por la formación
más popular de los EE.UU. en aquellos años: Paul Whiteman Orchestra.

Paul Whiteman (1890-1967) fue un violinista (al que nunca se le escuchó
tocar ese instrumento) y un director de orquesta. Con ella, en la que el
sonido de los metales se fundía con el de los violines, trató de
convertir al jazz en una mujer honesta y bien vestida y presentarla en
sociedad; trató de eliminar del jazz cualquier vestigio de música de burdel.
A principios de los años treinta Paul Whiteman se hacía llamar el “rey
del jazz”, pero su reinado, si realmente lo tuvo, fue muy corto ya que
llegó la Era del Swing que lo destronó. El jazz tomó un nuevo camino a
mitad de los años treinta y no fue el que Paul Whiteman había soñado,
diluyéndose su música al punto de que hoy está casi olvidada. Sin
embargo, todos los músicos que le conocieron, negros, blancos, antiguos
o modernos le han rendido homenaje debido a su honradez y a su humanidad
y, fundamentalmente, a su pasión por la música y la investigación. Así
mismo los mejores intérpretes de jazz blancos pertenecieron en algún
momento a su orquesta: los instrumentistas Red Nichols, Bix Beiderbecke,
Frankie Trumbauer, Jack Teagarden, Red Norvo, Joe Venuti, Eddie Lang o
Bunny Berigan, y los cantantes Bing Crosby y Mildred Bailey.

Bix permaneció en esta orquesta hasta el año 1929 en el que, debido a su
deteriorada salud, la tuvo que abandonar. Su alcoholismo le estaba
destrozando. Cuentan sus compañeros músicos que llegaba a las
actuaciones en un pésimo estado al punto de que el corneta colocado a su
derecha tenía apuntado en su partitura “despertar a Bix” cuando faltaban
tres o cuatro compases para que interpretara su “solo”.

A pesar de sus problemas con la bebida, Bix nos dejó a lo largo de sus
años como corneta momentos vibrantes de calidez e interpretados con una
inspiración y un swing inquebrantables y todo ello provisto de un
lirismo nada frecuente en aquellos años. Ejerció una influencia en
músicos que le precedieron tanto blancos como negros, sobre todo en
aquellos que abrazaron el movimiento “Cool” a finales de los años
cuarenta. “He escuchado a muchos músicos intentar tocar como Bix;
ninguno lo ha conseguido aún”. Louis Armstrong.

Hasta aquí me he referido a Bix y a la música de jazz que le tocó
interpretar en su época, pero en su alma musical habitaba también otra
diferente que luchaba por sobrevivir y por poseer una identidad propia y
diferente. Esa pelea que mantenía Bix entre los genes clásicos de los
“Beiderbecke” y el jazz era conocida únicamente por sus amigos: Frankie
Trumbauer y los clarinetistas Pee Wee Russell y Mezz Mezzrow.

Voy a hacer un inciso y dedicarle cinco líneas a este último. Mezz
Mezzrow fue un clarinetista que se pasó toda su vida despotricando por
haber nacido blanco. El quería ser negro para poder tocar el jazz como
ellos. Para ganar unos dólares extra vendía unos porros con la mejor
“maría” que se podía encontrar en Harlem. Sus clientes, prácticamente
todos músicos, los llamaban “Supermezz”. La policía lo detuvo y fue a
parar a prisión. Nada más llegar al centro penitenciario pidió una cita
con el alcaide para pedirle que le encerrara en el ala destinada a los
negros para tocar un buen jazz. Lo consiguió.

Su valiosa aportación al jazz no salió de las notas de su clarinete sino
del libro que escribió junto al periodista Bernard Wolfe en 1946 y
titulado “Really the Blues”. La obra es una crónica exhaustiva de los
músicos y de la música de jazz de los años 20 y 30 y de todo lo que les
rodeó: la ley seca, el sórdido ambiente de los bajos fondos, el comienzo
del consumo de drogas, la prostitución… Una nítida radiografía de lo que
supuso Harlem en aquellos años. I-M-P-R-E-S-C-I-N-D-I-B-L-E, sobre todo
para los aficionados al jazz.

“Cuando esté muerto meted mi cadáver en un horno, coged las cenizas,
mezcladlas con laca y prensad con la pasta un disco. Escribir solo “Aquí
yace eternamente Mezz, el presi”. Grabad por un lado “Gone away blues” y
por el otro “Out of the Gallion”. Llevadlo a Harlem y regalárselo a
cualquier chico harapiento. Que el chaval haga sonar el disco hasta que
cruja y se agote, o hasta que se canse. Haced esto y podéis estar
seguros de que descansaré feliz”.

En él podemos leer: “…y Bix encorvándose en trance sobre el teclado,
meditabundo y alcohólico, le arrancaba a los marfiles una música
extraña. Llegando a las fronteras del jazz, Bix se aprestaba a entrar en
una insólita jungla musical donde esperaba encontrar Dios sabe qué. En
esas largas noches de borrachera, cuando la realidad entera parecía una
ilusión y las fantasías eran más delirantes, Bix intentaba sacudirse el
yugo: escapar del jazz hacia un lenguaje musical totalmente nuevo. Una y
otra vez tocaba la peculiar música “moderna” que como una señal le
indicaba el camino hacia dónde debía girar: “El Pájaro de Fuego” de Igor
Stravinsky, “El Aprendiz de Brujo” de Paul Dukas, “Escenas de
Adirondack” de Eastwood Lane (la favorita de Bix era “Endecha para
Indian Joe”) y, sobre todo, “La Siesta de un Fauno” de Claude Debussy y
“La Sinfonía de los Planetas” de Gustav Holst. Estas escapadas
musicales, que seguían una docena de recorridos diferentes, se
confundían con el jazz que Bix tenía en la cabeza, y ese revoltijo de
ideas quedó reflejado en su composición titulada “In a mist”.
“Bix compuso “In a mist” (En una bruma) en el cuchitril que compartía
con Pee Wee donde había una peste que se podía cortar con cuchillo y
donde vivián junto a ellos todos los insectos de Indiana. Recordando el
lugar uno se pregunta por qué no le puso el título de “In a garbache
can” (En un cubo de basura)”.

“-Eh, oíd esto un rato- nos dijo aquella noche y tocó la nueva pieza
completa”.

“Había tantos pasajes en un idioma diferente al nuestro que nos sentimos
un poco incómodos. Sí, tenía muchos momentos bonitos, pero no me mataba
como indefectiblemente lo hacía Earl Hines. Estuvimos un rato bromeando
y convenciendo a Bix de que borrara todas esas escalas pretenciosas y al
final nos pusimos a gritar: “Royal Garden Blues
<https://www.youtube.com/watch?v=jyvH6wf4ghw>”, toca “Royal Garden Blues”.
Mezz Mezzrow nos da su opinión sobre la encrucijada musical en la que se
vio inmerso Bix en los últimos años de su vida: “A Bix, más que una
meta, el jazz le parecía un trampolín hacia otra cosa, hacia una nueva
forma de expresión a través de la cual podría decir algo diferente.
Murió sin haber encontrado “esa otra cosa”. Y lo cierto es que buscó
denodadamente, hasta que el esfuerzo lo mató o lo hizo beber hasta matarle”.

Bix Beiderbecke dejó este mundo el 6 de septiembre de 1931 con 28 años.
Su vida ha sido novelada por la escritora Dorothy Parker en “Young man
with a horn”, libro que sirvió al director de cine Michael Curtis para
rodar la película del mismo título en 1949 con Kirk Douglas en el papel
del músico.

Bix grabó “In a mist” a piano solo el 8 de septiembre de 1927 en Nueva
York para el sello Okeh.

A finales de los años cincuenta del siglo pasado surgió dentro del jazz
un nuevo estilo que se conoce como “Third Stream” (Tercera Corriente)
que intenta realizar una síntesis entre el jazz y la música clásica
europea o contemporánea. Sus principales iniciadores fueron los músicos
Gunther Schuller y John Lewis convirtiéndose el primero en el teórico
principal. Para ello creó un departamento denominado “Third Stream” en
el New England Conservatory de Boston. En todos los tratados que
analizan y desarrollan esta nueva corriente el primer músico que aparece
es Bix Beiderbecke – y su composición “In a mist” – como precursor en la
búsqueda de los mismos objetivos musicales que Schuller y Lewis.
En el año 1966, The Modern Jazz Quartet grabó un álbum con el título de
“Third Stream”. Uno de sus cortes fue un tema compuesto por John Lewis y
titulado “Sketch”. Los músicos que lo grabaron son: John Lewis (piano),
Percy Heath (contrabajo), Connie Kay (batería) y Milt Jackson
(vibráfono), junto a The Beaux Arts String Quartet: Carl Eberl (viola),
Gerald Tarack (violín), Alan Martin (violín), Joe Tekula (cello).

Cabría preguntarse si la estética musical que está presente en esta
canción o en cualquier otra del álbum era la que denodadamente buscaba

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