D'Cuba Jazz
Viernes, 27 de Agosto, 2021
Por eso cuando la visión y el audio se alían en una fórmula mágica llamada cine, con su gran pantalla y excelencia del sonido, como apreciaremos en unos minutos en la Sala Chaplin, el placer que proporciona cada uno por separado se amplifica por una increíble complicidad creativa..
Y si ese efecto conjugado tiene por eje una música nacida y proyectada como fenómeno artístico en continuo desarrollo, de profundas y diversas raíces y dotado de una fina sensibilidad, el resultado es magnífico, excelente.
En esos términos califico la idea del muy conocedor crítico Antonio Mazón Robau de preparar en la Cinemateca de Cuba un primer ciclo denominado JAZZ y CINE, abarcador en temáticas y formas, de un universo escasamente conocido entre los amantes del séptimo arte en nuestro país.
El Cine y el Jazz protagonizan una difícil historia de amor, como expresa en Internet el sitio Apolo y Baco. Si bien es cierto que la primera película sonora de la historia del cine, tuvo como protagonista directo al jazz en el documental The Jazz Singer, en 1927, no lo es menos que esto no fue en absoluto premonitorio de lo que vendría después.
El hecho de que Paul Whiteman y Duke Ellington fueran llamados a la meca del cine en los albores del sonoro, no deja de ser una anécdota para constatar que sus presencias fueron musicalmente irrelevantes. En los años treinta y cuarenta el cine utilizó el jazz sólo en la comedia musical. Este se refugiaba en los clubes y en las emisoras de radio.
Lo habitual en aquella época del swing era la presencia esporádica de estrellas del jazz invitadas a participar como ornamento ambiental y colorista de comedias y películas gansteriles.
Tras la II Guerra Mundial, mientras Hollywood iniciaba su declive, el jazz vivía su más profunda renovación como arte autónomo alejado de los círculos de entretenimiento. El swing dejaba paso al bebop, y algunos directores estadounidenses llevarían a sus películas los aires de ese nuevo jazz. Así apareció esa música en La ventana indiscreta o Un tranvía llamado deseo.
Será en el cine francés donde primero se utilice el jazz de forma significativa como fondo dramático de películas. El paradigma de aquel histórico cambio de rol fue la extraordinaria película y mejor banda sonora: Ascenso al cadalso, de Louis Malle, de 1957.
La presencia del jazz en el cine en general, y en el norteamericano en particular, no se corresponde con la influencia y el prestigio de esta música. Sólo en los años sesenta la industria cinematográfica acabó por asumirla como un elemento consustancial con el cine.
Compositores procedentes del jazz como Henry Mancini, Johnny Mandel, Lalo Shifrin, Quincy Jones o Dave Grusin se profesionalizaron en la composición de música para el cine.
A partir de los años 80, el Jazz y el Cine volvieron a reconciliarse con la colaboración inestimable de enormes directores y productores, que a la vez eran y son, grandes aficionados al jazz. Entre ellos hay que mencionar a Bertrand Tavernier con Round Midnight, de 1986; Clint Eastwood y su Bird, en 1988; Francis Ford Coppola con Cotton Club, de 1984, y ya más reciente Robert Altman con Kansas City.,1996, y Woody Allen con Acordes y Desacuerdos, en 1999. Ellos devolvieron el prestigio y el rigor a esa difícil y hermosa relación.
En el ciclo que comenzaremos hoy a disfrutar, apreciaremos materiales sobre Chano Pozo, Emiliano Salvador, Bebo Valdés y latinos en el jazz, los cuales asoman una rica vertiente aún poco explorada en este ámbito. Las búsquedas y realizaciones que hoy se hacen en nuestro país tienen un vasto campo para hacer que ese romance entre el cine y jazz tenga también los sabores de Cuba. Es una invitación que está naciendo de hoy.
Amigas y amigos
Este ciclo, que constará de dos partes, tiene como introducción visual una excelente muestra de un profesional de larga trayectoria e importantes resultados: Francisco “Paco” Bou.
Desde la pasión, El jazz recoge momentos claves en las presentaciones que realizaran en nuestro país grandes figuras del género como Dizzy Gillespie, Roy Ayers, Irene Reed y Chico Freeman. Ellos representan el componente estadounidense en la secuencia que se inicia hoy.
Apreciarán también a nuestros jazzistas de aquella etapa en que nos visitaron esas estrellas, malograda por las absurdas políticas de bloqueo que alcanzó también este ámbito y que hoy, sólo con excepciones, aún empaña el panorama de los contactos culturales entre los dos países.
Paco Bou, un maestro en captar el momento preciso con calidad trascendente, es un artista del lente con un amplio espectro de intereses. Y para suerte de los amantes del jazz, uno de ellos es está música, tan singular como el propio desempeño de este autor.
Las imágenes que ya estamos apreciando es sólo la punta de un gigantesco iceberg que podremos ir develando en los próximos meses y años, en la medida que Paco digitalice su abundante obra. El próximo paso público que proyecta, y que me permito anunciar desde ahora, tendrá lugar en el venidero Festival Jazz Plaza 2012.
Con este jugoso “aperitivo” del banquete de imágenes que se vislumbra en lo inmediato dejamos abierto este ciclo organizado por la Cinemateca de Cuba y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos; mas de medio centenar de ejemplos de cómo imagen y sonidos pueden hermanarse, hermosamente, en el jazz…
Muchas Gracias
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Presentación del Ciclo Jazz y Cine en la Cinemateca de Cuba
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Presentación del Ciclo Jazz y Cine en la Cinemateca de Cuba
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Por: José Dos Santos
Fecha: 2012.07.20
Por eso cuando la visión y el audio se alían en una fórmula mágica llamada cine, con su gran pantalla y excelencia del sonido, como apreciaremos en unos minutos en la Sala Chaplin, el placer que proporciona cada uno por separado se amplifica por una increíble complicidad creativa..
Y si ese efecto conjugado tiene por eje una música nacida y proyectada como fenómeno artístico en continuo desarrollo, de profundas y diversas raíces y dotado de una fina sensibilidad, el resultado es magnífico, excelente.
En esos términos califico la idea del muy conocedor crítico Antonio Mazón Robau de preparar en la Cinemateca de Cuba un primer ciclo denominado JAZZ y CINE, abarcador en temáticas y formas, de un universo escasamente conocido entre los amantes del séptimo arte en nuestro país.
El Cine y el Jazz protagonizan una difícil historia de amor, como expresa en Internet el sitio Apolo y Baco. Si bien es cierto que la primera película sonora de la historia del cine, tuvo como protagonista directo al jazz en el documental The Jazz Singer, en 1927, no lo es menos que esto no fue en absoluto premonitorio de lo que vendría después.
El hecho de que Paul Whiteman y Duke Ellington fueran llamados a la meca del cine en los albores del sonoro, no deja de ser una anécdota para constatar que sus presencias fueron musicalmente irrelevantes. En los años treinta y cuarenta el cine utilizó el jazz sólo en la comedia musical. Este se refugiaba en los clubes y en las emisoras de radio.
Lo habitual en aquella época del swing era la presencia esporádica de estrellas del jazz invitadas a participar como ornamento ambiental y colorista de comedias y películas gansteriles.
Tras la II Guerra Mundial, mientras Hollywood iniciaba su declive, el jazz vivía su más profunda renovación como arte autónomo alejado de los círculos de entretenimiento. El swing dejaba paso al bebop, y algunos directores estadounidenses llevarían a sus películas los aires de ese nuevo jazz. Así apareció esa música en La ventana indiscreta o Un tranvía llamado deseo.
Será en el cine francés donde primero se utilice el jazz de forma significativa como fondo dramático de películas. El paradigma de aquel histórico cambio de rol fue la extraordinaria película y mejor banda sonora: Ascenso al cadalso, de Louis Malle, de 1957.
La presencia del jazz en el cine en general, y en el norteamericano en particular, no se corresponde con la influencia y el prestigio de esta música. Sólo en los años sesenta la industria cinematográfica acabó por asumirla como un elemento consustancial con el cine.
Compositores procedentes del jazz como Henry Mancini, Johnny Mandel, Lalo Shifrin, Quincy Jones o Dave Grusin se profesionalizaron en la composición de música para el cine.
A partir de los años 80, el Jazz y el Cine volvieron a reconciliarse con la colaboración inestimable de enormes directores y productores, que a la vez eran y son, grandes aficionados al jazz. Entre ellos hay que mencionar a Bertrand Tavernier con Round Midnight, de 1986; Clint Eastwood y su Bird, en 1988; Francis Ford Coppola con Cotton Club, de 1984, y ya más reciente Robert Altman con Kansas City.,1996, y Woody Allen con Acordes y Desacuerdos, en 1999. Ellos devolvieron el prestigio y el rigor a esa difícil y hermosa relación.
En el ciclo que comenzaremos hoy a disfrutar, apreciaremos materiales sobre Chano Pozo, Emiliano Salvador, Bebo Valdés y latinos en el jazz, los cuales asoman una rica vertiente aún poco explorada en este ámbito. Las búsquedas y realizaciones que hoy se hacen en nuestro país tienen un vasto campo para hacer que ese romance entre el cine y jazz tenga también los sabores de Cuba. Es una invitación que está naciendo de hoy.
Amigas y amigos
Este ciclo, que constará de dos partes, tiene como introducción visual una excelente muestra de un profesional de larga trayectoria e importantes resultados: Francisco “Paco” Bou.
Desde la pasión, El jazz recoge momentos claves en las presentaciones que realizaran en nuestro país grandes figuras del género como Dizzy Gillespie, Roy Ayers, Irene Reed y Chico Freeman. Ellos representan el componente estadounidense en la secuencia que se inicia hoy.
Apreciarán también a nuestros jazzistas de aquella etapa en que nos visitaron esas estrellas, malograda por las absurdas políticas de bloqueo que alcanzó también este ámbito y que hoy, sólo con excepciones, aún empaña el panorama de los contactos culturales entre los dos países.
Paco Bou, un maestro en captar el momento preciso con calidad trascendente, es un artista del lente con un amplio espectro de intereses. Y para suerte de los amantes del jazz, uno de ellos es está música, tan singular como el propio desempeño de este autor.
Las imágenes que ya estamos apreciando es sólo la punta de un gigantesco iceberg que podremos ir develando en los próximos meses y años, en la medida que Paco digitalice su abundante obra. El próximo paso público que proyecta, y que me permito anunciar desde ahora, tendrá lugar en el venidero Festival Jazz Plaza 2012.
Con este jugoso “aperitivo” del banquete de imágenes que se vislumbra en lo inmediato dejamos abierto este ciclo organizado por la Cinemateca de Cuba y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos; mas de medio centenar de ejemplos de cómo imagen y sonidos pueden hermanarse, hermosamente, en el jazz…
Muchas Gracias
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