D'Cuba Jazz
Domingo, 22 de Agosto, 2021
El rock, el jazz, el blues, todos esos ritmos ymúsicas que hoy forman parte de nuestra cultura, nacieron de la trata de esclavos.
Un regreso a las fuentes, que permite medir la distancia recorrida, así como las inevitables rupturas entre tradiciones africanas y músicas afronorteamericanas.
En 1954 Elvis Presley graba su primer disco de 45 rpm, retomando en una cara "That`s all right
mama" de Big Boy Crudup, músico negro de blues y padre del rock and roll y, en la otra, "Blue moon of Kentucky" de Bill Monroe, músico country blanco y padre del bluegrass.
Es un acontecimiento: la alquimia de la música negra blanqueada y de la música blanca ennegrecida.
Presley se encontraba en el lugar adecuado en el momento oportuno. No tuvo más que coger los frutos maduros de árboles con múltiples brotes, cuyas raíces extraían, desde hacía siglos, savias y esencias lejanas.
Todas esas músicas que forman parte ahora de nuestra cultura blues, jazz, soul, rythm and blues, spirituals, e incluso reggae, calipso, merengue de las Antillas, samba y capoeira del Brasil no existirían sin el infame comercio de "madera de ébano".
Es gracias a un apasionante retorno a las fuentes como se ve hoy en día, mezclando raíces antiguas con nuevas inspiraciones, a un Ali Farka Toure crear un blues africano o a un Dr. Nico interpretar una rumba congoleña.
Hacia las Americas: un trayecto también musical
¿Fue durante mucho tiempo perceptible el Africa propiamente dicha en el bagaje musical de los esclavos llevados a América? ¿Persiste todavía en los estilos que conocemos y en los que nos inspiramos sin cesar? Numerosos autores iniciaron el viaje de regreso hacia el continente negro para
tratar de dar respuesta a estas preguntas. Buscaron los orígenes del blues, o del jazz, dejando en claro la increíble distancia recorrida, subrayando sin cesar las relaciones posibles también las inevitables rupturas entre las tradiciones africanas y las músicas afroamericanas.
En uno y otro de los extremos del tráfico de esclavos, las tradiciones musicales se convirtieron en idiomas diferentes. "Toda similitud con lo que suena en el continente negro ha desaparecido" afirmará aquí mismo,en 1977, el escritor cubano Alejo Carpentier.
Sin embargo, esas músicas nuevas fueron realmente creadas y desarrolladas por los negros. Pero
el mestizaje se ha hecho presente, tornando más o menos lejanas las reminiscencias africanas, según los lugares donde se han implantado y las condiciones sociales de las comunidades negras.
"Somos lo qué podría llamarse un pueblo de bailarines, músicos y poetas. De manera que cada
hecho importante, como el regreso triunfal de una guerra o cualquier otra causa de regocijo popular,
se celebra con danzas acompañadas de músicas y de cantos apropiados", decía Olaudah Equiano,
esclavo ibo llevado a Virginia en 1756.
Pero esas celebraciones no siempre eran toleradas. Por regla general, los negros llevados a América Latina vivieron en comunidades relativamente cerradas y pudieron conservar algunas costumbres tribales, así como sus ritos y ceremonias tradicionales.
El catolicismo permitió en cierto modo la supervivencia de las prácticas religiosas africanas, en un contexto a menudo sincrético. De ahí que todavía se mantengan las músicas rituales de Brasil, de
Haití y de Cuba, por ejemplo, donde aun se practican innumerables cultos africanos.
En cambio, los esclavos que fueron a dar a Estados Unidos, después de una primera permanencia en las Antillas donde algunos rasgos africanos ya se habían atenuado o transformado, tuvieron que vivir en contacto bastante estrecho con sus propietarios blancos.
Esta situación afectó de inmediato a sus creencias y expresiones ancestrales. Con el fervor y la desesperanza del cautiverio, se aferraron a sus cultos, pero en secreto y practicándolos con disimulo. Subsistieron pues algunos cultos, confundidos subrepticiamente con el protestantismo de los blancos, y reanimados gracias al contacto con oleadas de negros importados de Haití, de la Martinica y de Guadalupe.
Y si algunas creencias se expresaban mediante un simbolismo exterior, o el fervor de los spirituals, otros dioses africanos se veneraban en pleno día, en los meandros abandonados del Misisipí como ocurrió con el culto vodú, que fue denominado hoodoo en el sur de Estados Unidos.
En cuanto a las músicas profanas, debieron someterse al mestizaje forzado de nuevas funciones, en un entorno hostil a todo lo africano.
Sólo subsistieron los cantos y las danzas compatibles con los esquemas económicos y sociales del
Nuevo Mundo, como los cantos de trabajo (field hollers), derivados de cantos con respuestas de Africa, y que permitían a los esclavos llevar una cadencia en su trabajo y mantener el ritmo para
evitar el látigo.
Los esclavos podían también dar rienda suelta a sus talentos si les servían para divertir a sus
amos. Muchos de ellos tocaban violin, pífano, percusiones... Más de un esclavo prófugo y buscado
por su propietario fue descrito como un excelente cantante o un buen violinista. Fabricaban instrumentos valiéndose de su ingenio, creando en particular diversos laúdes que darán origen al banjo.
Este instrumento, que se ha convertido casi en sinónimo de la música negra, ocupó un lugar destacado en los minstrel shows. Creados a comienzos del siglo XIX, esos espectáculos musicales eran parodias, interpretadas por blancos con el rostro pintado de negro, de la vida y la cultura de los
negros. Fenómeno sorprendente, éstos terminaron por adoptar algunas de sus canciones, e incluso por participar en tales espectáculos.
De los contactos entre baladas y danzas angloirlandesas, instrumentos blancos, cantos de tra¬
bajo, gritos y pregones de los esclavos y los amos, spirituals y gospels, iba a nacer el blues, música
negra por excelencia, pero de todos modos negra americana. Venido de las profundidades del sur,
en él coinciden históricamente los grandes mestizajes norteamericanos, pues con él comienza la era de la grabación de las músicas negras y lo que podría llamarse la segunda oleada de mestizaje. Pues si durante las primeras grabaciones los músicos de blues del campo entregaban su arte en bruto, en toda su autenticidad, no ocurrirá lo mismo más adelante.
En 1900, en efecto, ocho de cada diez negros vivían todavía en el campo. En 1930 la mitad moraba en las ciudades industriales. De este éxodo nacen otras expresiones blues urbano, rythm and blues, soul. Surgen así nuevas exigencias comerciales. Las músicas negras se someterán poco a poco a las leyes del mercado. ¿Otros mestizajes o falsos mestizajes? Más bien la última etapa de una larga trayectoria de expresiones cada vez más alejadas de sus funciones iniciales, y quizá tan mezcladas que llegan a gustar a "todo el mundo".
Pero no hay que equivocarse: numerosos son los músicos que no interpretan "falso mestizaje".
Basta para convencerse de ello con escuchar a Joseph Spence, ese increíble guitarrista de las
Bahamas cuya música es un ejemplo de resistencia a la explotación del mercado o a las presiones de la grabación. Un ejemplo de mestizaje "verdadero", el de culturas diferentes que se han entrelazado
durante largo tiempo y en que lo negro ha teñido la mayoría de las expresiones musicales.
...............
ETIENNE BOURS es un periodista belga especializado en temas musicales. Ha participado en Numerosas emisiones de radio sobre música tradicional. Actualmente trabaja en la
Mediateca de la Comunidad Francesa de Bélgica.
ALBERTO NOGUEIRA es un periodista portugués. En la actualidad trabaja como consejero musical en la Mediateca de la Comunidad Francesa de Bélgica.
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Historia del Jazz
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Las raíces negras
HISTORIA
Las raíces negras

Por: Etienne Bours y Alberto Nogueira
Fecha: 2012.05.15
Fuente: Correo de la UNESCO
El rock, el jazz, el blues, todos esos ritmos ymúsicas que hoy forman parte de nuestra cultura, nacieron de la trata de esclavos.
Un regreso a las fuentes, que permite medir la distancia recorrida, así como las inevitables rupturas entre tradiciones africanas y músicas afronorteamericanas.
En 1954 Elvis Presley graba su primer disco de 45 rpm, retomando en una cara "That`s all right
mama" de Big Boy Crudup, músico negro de blues y padre del rock and roll y, en la otra, "Blue moon of Kentucky" de Bill Monroe, músico country blanco y padre del bluegrass.
Es un acontecimiento: la alquimia de la música negra blanqueada y de la música blanca ennegrecida.
Presley se encontraba en el lugar adecuado en el momento oportuno. No tuvo más que coger los frutos maduros de árboles con múltiples brotes, cuyas raíces extraían, desde hacía siglos, savias y esencias lejanas.
Todas esas músicas que forman parte ahora de nuestra cultura blues, jazz, soul, rythm and blues, spirituals, e incluso reggae, calipso, merengue de las Antillas, samba y capoeira del Brasil no existirían sin el infame comercio de "madera de ébano".
Es gracias a un apasionante retorno a las fuentes como se ve hoy en día, mezclando raíces antiguas con nuevas inspiraciones, a un Ali Farka Toure crear un blues africano o a un Dr. Nico interpretar una rumba congoleña.
Hacia las Americas: un trayecto también musical
¿Fue durante mucho tiempo perceptible el Africa propiamente dicha en el bagaje musical de los esclavos llevados a América? ¿Persiste todavía en los estilos que conocemos y en los que nos inspiramos sin cesar? Numerosos autores iniciaron el viaje de regreso hacia el continente negro para
tratar de dar respuesta a estas preguntas. Buscaron los orígenes del blues, o del jazz, dejando en claro la increíble distancia recorrida, subrayando sin cesar las relaciones posibles también las inevitables rupturas entre las tradiciones africanas y las músicas afroamericanas.
En uno y otro de los extremos del tráfico de esclavos, las tradiciones musicales se convirtieron en idiomas diferentes. "Toda similitud con lo que suena en el continente negro ha desaparecido" afirmará aquí mismo,en 1977, el escritor cubano Alejo Carpentier.
Sin embargo, esas músicas nuevas fueron realmente creadas y desarrolladas por los negros. Pero
el mestizaje se ha hecho presente, tornando más o menos lejanas las reminiscencias africanas, según los lugares donde se han implantado y las condiciones sociales de las comunidades negras.
"Somos lo qué podría llamarse un pueblo de bailarines, músicos y poetas. De manera que cada
hecho importante, como el regreso triunfal de una guerra o cualquier otra causa de regocijo popular,
se celebra con danzas acompañadas de músicas y de cantos apropiados", decía Olaudah Equiano,
esclavo ibo llevado a Virginia en 1756.
Pero esas celebraciones no siempre eran toleradas. Por regla general, los negros llevados a América Latina vivieron en comunidades relativamente cerradas y pudieron conservar algunas costumbres tribales, así como sus ritos y ceremonias tradicionales.
El catolicismo permitió en cierto modo la supervivencia de las prácticas religiosas africanas, en un contexto a menudo sincrético. De ahí que todavía se mantengan las músicas rituales de Brasil, de
Haití y de Cuba, por ejemplo, donde aun se practican innumerables cultos africanos.
En cambio, los esclavos que fueron a dar a Estados Unidos, después de una primera permanencia en las Antillas donde algunos rasgos africanos ya se habían atenuado o transformado, tuvieron que vivir en contacto bastante estrecho con sus propietarios blancos.
Esta situación afectó de inmediato a sus creencias y expresiones ancestrales. Con el fervor y la desesperanza del cautiverio, se aferraron a sus cultos, pero en secreto y practicándolos con disimulo. Subsistieron pues algunos cultos, confundidos subrepticiamente con el protestantismo de los blancos, y reanimados gracias al contacto con oleadas de negros importados de Haití, de la Martinica y de Guadalupe.
Y si algunas creencias se expresaban mediante un simbolismo exterior, o el fervor de los spirituals, otros dioses africanos se veneraban en pleno día, en los meandros abandonados del Misisipí como ocurrió con el culto vodú, que fue denominado hoodoo en el sur de Estados Unidos.
En cuanto a las músicas profanas, debieron someterse al mestizaje forzado de nuevas funciones, en un entorno hostil a todo lo africano.
Sólo subsistieron los cantos y las danzas compatibles con los esquemas económicos y sociales del
Nuevo Mundo, como los cantos de trabajo (field hollers), derivados de cantos con respuestas de Africa, y que permitían a los esclavos llevar una cadencia en su trabajo y mantener el ritmo para
evitar el látigo.
Los esclavos podían también dar rienda suelta a sus talentos si les servían para divertir a sus
amos. Muchos de ellos tocaban violin, pífano, percusiones... Más de un esclavo prófugo y buscado
por su propietario fue descrito como un excelente cantante o un buen violinista. Fabricaban instrumentos valiéndose de su ingenio, creando en particular diversos laúdes que darán origen al banjo.
Este instrumento, que se ha convertido casi en sinónimo de la música negra, ocupó un lugar destacado en los minstrel shows. Creados a comienzos del siglo XIX, esos espectáculos musicales eran parodias, interpretadas por blancos con el rostro pintado de negro, de la vida y la cultura de los
negros. Fenómeno sorprendente, éstos terminaron por adoptar algunas de sus canciones, e incluso por participar en tales espectáculos.
De los contactos entre baladas y danzas angloirlandesas, instrumentos blancos, cantos de tra¬
bajo, gritos y pregones de los esclavos y los amos, spirituals y gospels, iba a nacer el blues, música
negra por excelencia, pero de todos modos negra americana. Venido de las profundidades del sur,
en él coinciden históricamente los grandes mestizajes norteamericanos, pues con él comienza la era de la grabación de las músicas negras y lo que podría llamarse la segunda oleada de mestizaje. Pues si durante las primeras grabaciones los músicos de blues del campo entregaban su arte en bruto, en toda su autenticidad, no ocurrirá lo mismo más adelante.
En 1900, en efecto, ocho de cada diez negros vivían todavía en el campo. En 1930 la mitad moraba en las ciudades industriales. De este éxodo nacen otras expresiones blues urbano, rythm and blues, soul. Surgen así nuevas exigencias comerciales. Las músicas negras se someterán poco a poco a las leyes del mercado. ¿Otros mestizajes o falsos mestizajes? Más bien la última etapa de una larga trayectoria de expresiones cada vez más alejadas de sus funciones iniciales, y quizá tan mezcladas que llegan a gustar a "todo el mundo".
Pero no hay que equivocarse: numerosos son los músicos que no interpretan "falso mestizaje".
Basta para convencerse de ello con escuchar a Joseph Spence, ese increíble guitarrista de las
Bahamas cuya música es un ejemplo de resistencia a la explotación del mercado o a las presiones de la grabación. Un ejemplo de mestizaje "verdadero", el de culturas diferentes que se han entrelazado
durante largo tiempo y en que lo negro ha teñido la mayoría de las expresiones musicales.
...............
ETIENNE BOURS es un periodista belga especializado en temas musicales. Ha participado en Numerosas emisiones de radio sobre música tradicional. Actualmente trabaja en la
Mediateca de la Comunidad Francesa de Bélgica.
ALBERTO NOGUEIRA es un periodista portugués. En la actualidad trabaja como consejero musical en la Mediateca de la Comunidad Francesa de Bélgica.
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