D'Cuba Jazz
Domingo, 22 de Agosto, 2021
El reconocimiento suele venir acompañado por un aumento en el número de discos vendidos. Al final, escribe Chema, todos contentos: el músico, la discográfica, los responsables de la publicación y quien tomó la decisión de otorgar la máxima puntuación.
Down Beat instauró el sistema de estrellas en 1952, coincidiendo con la implantación del larga duración en sustitución de los antiguos discos de 78 rpm.
La medida encumbró el papel del crítico hasta extremos propios de un semidios: bastaba una estrella de más o de menos para elevar un disco a la categoría de obra maestra o hundirlo para siempre.
Apunta el especialista que “si los críticos de Down Beat no se han caracterizado por su prudencia a la hora de ejercer el cargo, algunos han ido un paso más allá”. Y cita entre esos a George Frazier, escritor de pluma afilada, enemigo acérrimo de todas las cantantes de jazz.
La historia se debe a la aparición de una serie dedicada a los discos cinco estrellas publicados de 1954 a 1961 por la revista down beat.
Entre los primeros cien que se citan hay nombres a menudo ignorados tras los cuales se esconde un descubrimiento.
De Terry Gibbs, vibrafonista y director de orquesta, a Mose Allison, Don Ellis y Bill Holman. Chema García significa que hay “algunos placeres perversos como el de escuchar a la inmensa Sarah Vaughan cantando a dúo con Sidney Bechet”.
Acota, por otro lado, que “la carrera de Dave Brubeck pudo beneficiarse de la excesiva magnanimidad de los críticos de Down Beat”. El disco que le reunió con el cantante de blues Jimmy Rushing fue ”obedeciendo a una de esas decisiones empresariales incomprensibles que caracterizan al sector discográfico”.
La reedición de algunas obras maestras indiscutibles de Duke Ellington, Miles Davis, John Coltrane o Sonny Rollins, viene justificada por la incorporación a ellas de contenidos musicales añadidos o inéditos.
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SOBRE ENCUESTAS DE DOWN BEAT
HISTORIA
SOBRE ENCUESTAS DE DOWN BEAT

Por: jds
Fecha: 2012.05.10
Fuente: José María "Chema" García
El reconocimiento suele venir acompañado por un aumento en el número de discos vendidos. Al final, escribe Chema, todos contentos: el músico, la discográfica, los responsables de la publicación y quien tomó la decisión de otorgar la máxima puntuación.
Down Beat instauró el sistema de estrellas en 1952, coincidiendo con la implantación del larga duración en sustitución de los antiguos discos de 78 rpm.
La medida encumbró el papel del crítico hasta extremos propios de un semidios: bastaba una estrella de más o de menos para elevar un disco a la categoría de obra maestra o hundirlo para siempre.
Apunta el especialista que “si los críticos de Down Beat no se han caracterizado por su prudencia a la hora de ejercer el cargo, algunos han ido un paso más allá”. Y cita entre esos a George Frazier, escritor de pluma afilada, enemigo acérrimo de todas las cantantes de jazz.
La historia se debe a la aparición de una serie dedicada a los discos cinco estrellas publicados de 1954 a 1961 por la revista down beat.
Entre los primeros cien que se citan hay nombres a menudo ignorados tras los cuales se esconde un descubrimiento.
De Terry Gibbs, vibrafonista y director de orquesta, a Mose Allison, Don Ellis y Bill Holman. Chema García significa que hay “algunos placeres perversos como el de escuchar a la inmensa Sarah Vaughan cantando a dúo con Sidney Bechet”.
Acota, por otro lado, que “la carrera de Dave Brubeck pudo beneficiarse de la excesiva magnanimidad de los críticos de Down Beat”. El disco que le reunió con el cantante de blues Jimmy Rushing fue ”obedeciendo a una de esas decisiones empresariales incomprensibles que caracterizan al sector discográfico”.
La reedición de algunas obras maestras indiscutibles de Duke Ellington, Miles Davis, John Coltrane o Sonny Rollins, viene justificada por la incorporación a ellas de contenidos musicales añadidos o inéditos.
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