D'Cuba Jazz
Viernes, 27 de Agosto, 2021
La última decepción, sin ser una decepción total, ha sido *El perseguidor*, la versión cinematográfica que dirigió en 1965 el director Osías Wilenski de la genial obra del gran Julio. La acción se traslada a Argentina, Johnny no es Johnny, sino Juan, a pesar de que en la película sus amigos le llaman Johnny. La película se llama igual que el cuento largo de Cortázar pero no llega ni muchísimos menos a la altura del original. Si empezamos por las formas, hasta puede calificarse un poco de pobreza visual.
El argumento sigue a grandes rasgos a Cortázar, es fiel al espíritu, de hecho. Claro, si nos olvidamos de que en lugar de un negro es Juan, y en lugar de un Nueva York es Buenos Aires la nuit. Ambiente bohemio en el que se mueve nuestro Juan, universo de sexo y drogas mitigado por las épocas de los 60 y censoras y un poquito plasta el ritmo. No destaca ningún personaje, porque en la película lo que le pasa a Juan no es ni de lejos lo que llega a interesarme el Johnny de papel. Si se me apura, algo tópico, como en otras tantas ocasiones, la visión del mundo del jazz. Ya se sabe, Juan (Johnny) es un saxofonista que cuesta abajo
flirtea con drogas, noches, sexos y peligros adyacentes. Si el libro parece una sempiterna y subyugadora voz en off, en la pantalla la cosa corre peligro de convertirse en pestiño.
La música de Rubén Barbieri y el saxo de su hermano Gato Barbieri, que es quien suena en la banda sonora de fondo y cuando parece que toca su saxo el protagonista, tampoco es para echar cohetes. Saxo al servicio del cine, poco que ver con el estilo Barbieri a lo Coltrane. Con lo cual, casi cabe decir escuchen a Barbieri en disco y lean El perseguidor. Ya lo dijo el viejo chiste de las ovejas: me gustó más el libro.
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El perseguidor: Cuando Johnny se llamó Juan
HISTORIA
El perseguidor: Cuando Johnny se llamó Juan

Fecha: 2013.01.28
Fuente: cineconjazz.blogia
La última decepción, sin ser una decepción total, ha sido *El perseguidor*, la versión cinematográfica que dirigió en 1965 el director Osías Wilenski de la genial obra del gran Julio. La acción se traslada a Argentina, Johnny no es Johnny, sino Juan, a pesar de que en la película sus amigos le llaman Johnny. La película se llama igual que el cuento largo de Cortázar pero no llega ni muchísimos menos a la altura del original. Si empezamos por las formas, hasta puede calificarse un poco de pobreza visual.
El argumento sigue a grandes rasgos a Cortázar, es fiel al espíritu, de hecho. Claro, si nos olvidamos de que en lugar de un negro es Juan, y en lugar de un Nueva York es Buenos Aires la nuit. Ambiente bohemio en el que se mueve nuestro Juan, universo de sexo y drogas mitigado por las épocas de los 60 y censoras y un poquito plasta el ritmo. No destaca ningún personaje, porque en la película lo que le pasa a Juan no es ni de lejos lo que llega a interesarme el Johnny de papel. Si se me apura, algo tópico, como en otras tantas ocasiones, la visión del mundo del jazz. Ya se sabe, Juan (Johnny) es un saxofonista que cuesta abajo
flirtea con drogas, noches, sexos y peligros adyacentes. Si el libro parece una sempiterna y subyugadora voz en off, en la pantalla la cosa corre peligro de convertirse en pestiño.
La música de Rubén Barbieri y el saxo de su hermano Gato Barbieri, que es quien suena en la banda sonora de fondo y cuando parece que toca su saxo el protagonista, tampoco es para echar cohetes. Saxo al servicio del cine, poco que ver con el estilo Barbieri a lo Coltrane. Con lo cual, casi cabe decir escuchen a Barbieri en disco y lean El perseguidor. Ya lo dijo el viejo chiste de las ovejas: me gustó más el libro.
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